Al fallar el agarre, Lidia enfureció aún más y se abalanzó de nuevo hacia Roxana, con las manos extendidas como garras.
—¡Profesora Lidia! ¡¿Qué está haciendo?!
De repente, una voz cargada de ira retumbó en el lugar.
Todos giraron la cabeza y vieron al rector, con el rostro sombrío y la mandíbula tensa, caminando a pasos agigantados desde las escaleras.
Lidia, que segundos antes estaba fuera de sí, bajó las manos al instante y se apresuró a victimizarse.
—¡Rector! Esta novata no solo entró a la Academia de Élite falsificando documentos, sino que también insultó y golpeó a una profesora sin ningún respeto por la autoridad. Si permitimos que una estudiante con tan malas intenciones se quede en la Universidad del Sur, causará un sinfín de problemas. ¡Le sugiero que la expulse de inmediato!
Lidia se atrevía a hacerle semejante exigencia al rector porque su esposo era miembro del consejo directivo de la universidad.
Aunque su marido no tenía tanto poder como el rector, su voz tenía peso, y Lidia estaba segura de que el rector no se ganaría un enemigo por culpa de una simple estudiante sin importancia.
—¿Falsificando documentos para entrar a la Academia de Élite? —preguntó el rector, mirándola fijamente, como si acabara de escuchar el chiste más absurdo del mundo—. ¿Quién le dijo a usted que falsificó algo?
Lidia se quedó sorprendida por la pregunta, pero respondió con arrogancia:
—Es una persona que ni siquiera terminó una carrera técnica. No tiene ninguna calificación para estudiar en esta universidad, y mucho menos en la Academia de Élite. Me dijeron que estaba inscrita en el curso propedéutico, pero apareció aquí con una carta de admisión diciendo que estaba en la Clase Élite 1. Si eso no es falsificación, ¿entonces qué es?
El rostro del rector se ensombreció. Había sido culpa suya por no prever la situación. De no haber venido en persona, nunca se habría enterado de cómo estaban tratando a la muchacha.
Yara, que había estado observando las expresiones de ambos, notó que el rostro del rector se oscureció justo después de las palabras de Lidia. De inmediato, asumió que la carta de admisión en manos de Roxana era falsa.
«Con razón la carta me llegó a mí apenas la solicité a la universidad... resulta que Roxana mandó a falsificar otra», concluyó Yara en su mente.



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