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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 86

—Exacto, esa explosividad dura un segundo. Cinco kilómetros no es una carrera corta, es imposible mantener esa velocidad hasta el final.

Sin embargo, esas dudas se desvanecieron por sí solas cuando Roxana dio una vuelta tras otra sin disminuir el ritmo en lo absoluto.

Don Abelardo, al ver la fuerza inquebrantable de la chica, asintió con evidente orgullo:

—Digna de mi atención, la muchacha es increíble.

—Tío abuelo, ¿ya me puedes soltar?

Caleb Valente, quien al principio solo tenía curiosidad sobre la relación entre Roxana y su tío abuelo, y luego se quedó boquiabierto con la velocidad de la chica, "apenas en ese momento reaccionó al notar que el anciano todavía lo sujetaba por el cuello. Habló con cara de sufrimiento.

Al escucharlo, Don Abelardo lo soltó con un gesto de desdén.

Miró a la jovencita, y luego miró a su inútil sobrino nieto. ¿Por qué le causaba tanto disgusto?

Caleb, sintiéndose un poco agraviado, preguntó:

—Tío abuelo, ¿por qué me agarraste así? Además, dijiste que confías mucho en ella, ¿acaso ya se conocían?

—¿Y a ti qué te importan mis asuntos? —Don Abelardo frunció el ceño, impaciente—. ¡Hazte a un lado y no me molestes mientras admiro el esplendor de la muchacha!

Caleb se quedó sin palabras.

Si no supiera con certeza que su tío abuelo le tenía pavor a su esposa, habría sospechado que la chica era alguna nieta ilegítima que el anciano mantenía en secreto.

Luego, volvió la mirada hacia la joven que seguía corriendo.

Aunque la brisa alborotaba su larga cabellera, eso no mermaba en absoluto su belleza; al contrario, le daba un aire de indomable e imponente rebeldía.

Ese misterioso magnetismo parecía emanar de su interior, y bastaba una sola mirada para no querer apartar los ojos de ella.

Incluso alguien como él, tan acostumbrado a ver mujeres hermosas, se sintió cautivado por un instante.

Darío Soler también estaba sorprendido por la velocidad de su hermana y, con sus largos dedos, sostenía su teléfono grabando un video.

Habría sido una pena perderse un momento tan espectacular.

Don Abelardo tuvo la misma idea. Ambos, uno a cada lado, grababan a Roxana corriendo.

El director quiso ofrecerse a grabar, pero Don Abelardo lo espantó con hastío.

Aun así, el director no se rindió.

¡Para que Don Abelardo le prestara tanta atención, esa muchacha no podía ser alguien común!

Fiel a su principio de no dejar pasar ninguna oportunidad de adular al jefe, él también sacó su teléfono para grabar.

Y como temía que sus tomas no fueran buenas, ordenó a los demás profesores:

—¡Qué hacen ahí parados como troncos! ¿No ven que el rector está grabando en persona? ¡Rápido, graben también para que luego le ayudemos a escoger los mejores ángulos!

Los profesores obedecieron y sacaron sus celulares, usando todos sus conocimientos para conseguir la mejor toma.

Capítulo 86 1

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