Lo que siguió después fue la fundación de Maison Milán, su salto a la fama y su masiva expansión global.
Aunque el camino no estuvo exento de baches, en términos generales había sido un éxito abrumador.
Habían pasado los años volando y, cada vez que Paula recordaba su primer encuentro con Roxana, le seguía pareciendo que todo era un sueño.
Hoy en día a Roxana ya no le faltaba el dinero. En teoría, no tenía ninguna necesidad de seguir trasnochándose para hacer trabajos externos en videojuegos.
Al ver que Paula estaba malinterpretando las cosas, Roxana decidió no darle demasiadas explicaciones.
—Mhm. Es que los videojuegos son muy entretenidos.
Al escucharla responder con tal descaro, Paula casi se queda sin aire de la indignación.
—¡Claro que no! Lo que ganas jugando jamás se comparará con lo que generas diseñando. Además, ¡ya eres rica! Desperdiciar tu tiempo en jueguitos es un crimen contra el arte. Me vas a entregar diseños mensualmente a partir de ahora, y tienes exactamente una semana para darme los bocetos que le prometiste a la maestra Vera Herrera. ¡Si no lo haces, juro que me las pagarás!
Cualquier otra persona se habría hecho pequeña ante la furia de Paula.
Pero Roxana ni siquiera se inmutó. Se alborotó el cabello con pereza, cambió de postura para recostarse aún más en el sofá y le dio otro sorbo a su té.
—No puedo, Paula. Voy a entrar a la universidad y no tendré tiempo.
—¿A la universidad? —Paula se quedó petrificada por varios segundos, hasta que su cerebro finalmente procesó que Roxana apenas tenía dieciocho años; era exactamente la edad para entrar a la educación superior.
Y no era culpa de Paula olvidarlo. El talento de la chica era tan monstruoso, y sus apariciones tan misteriosas y esporádicas, que resultaba casi imposible recordar que acababa de convertirse en una adulta joven.
Ante esa excusa, Paula no podía poner peros.
—Estudiar está bien... de acuerdo, te permito que me entregues las cosas con más calma. Pero tienes que ser sincera conmigo, ¿no eres de la familia Maldonado? ¿Qué haces paseándote por todas partes con la familia Soler?
Roxana sabía que Paula también venía de una familia influyente y que su verdadero origen no se mantendría en secreto por mucho tiempo. Además, jamás había tenido la intención de ocultárselo.
—Soy la hija biológica de los Soler, me acaban de encontrar. Pero, por ahora, te pido que seas discreta con esto.
—¡¿Eres la hija que los Soler estuvieron buscando por más de una década?! —Paula se quedó boquiabierta.
¡Esa sí que era la noticia del siglo!
Tras el shock inicial, no pudo evitar suspirar con alivio.
—Siempre pensé que te había tocado una vida demasiado difícil, pero parece que por fin la tormenta ha pasado. La familia Soler tiene un prestigio intachable, y por lo que vi allá abajo, tu madre está dispuesta a defenderte a capa y espada. Me alegro mucho por ti. Al fin ya no tendrás que trabajar hasta el cansancio.
Roxana sabía que la preocupación de Paula era genuina, así que le dedicó una pequeña y cálida sonrisa.



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