—Mamá, no lo decía con esa intención... —intentó excusarse Yara, pero Marina ya le había dado la espalda y miraba a Roxana con inmensa ternura.
—Roxana, no te preocupes. Darío puede ser inútil para muchas cosas, pero al menos tiene un gusto impecable. Tanto Yara como yo hemos recibido varios de sus obsequios y, cada vez que los usamos, nuestras amigas no paran de elogiarlos.
Darío soltó una carcajada.
¿Inútil para muchas cosas pero con un gusto impecable?
La mayoría de las madres tenían un filtro que embellecía todo lo que hacían sus hijos; su madre, en cambio, solo tenía un filtro de críticas para él.
Yara se tragó su descontento sin que se notara en su rostro.
Roxana también captó la hostilidad disfrazada en el comentario previo de Yara. Sin embargo, nunca le daba importancia a las provocaciones de alguien tan insignificante. Escuchando las palabras de Marina, extendió la mano y tomó el regalo.
Abrió la caja y apartó el forro. En el interior descansaba una pulsera conformada por coloridas piedras preciosas.
Cada gema estaba tallada con una técnica exquisita, pero le llamó la atención que la pieza central era un rubí rojo y su base metálica representaba el signo de Roxana. Estaba claro que era un pedido totalmente personalizado.
Al ver la joya, los ojos de Marina brillaron de emoción.
—¡Qué pulsera tan divina! Y tiene tu signo, ¡qué detalle tan hermoso! Ven, deja que mamá te la ponga.
Roxana no pudo resistirse a la ilusión que desbordaba la mirada de Marina y dejó que se la colocara en la muñeca.
Darío soltó el aire retenido en sus pulmones al ver que por fin aceptaba su regalo.
—Nada mal, te queda a la perfección —la elogió con sinceridad.
Los ojos de Yara se inundaron de celos al contemplar la joya. Ella misma había deseado adquirir esa pulsera de edición limitada, pero al ir a preguntar a la tienda, le informaron que solo existía una en el mundo y que ya la habían vendido. ¡Jamás se imaginó que el comprador misterioso era Darío!
Bajo su máscara de gentileza, decidió recurrir a su actitud mimada.
—Darío, le compraste un regalo a Roxana, ¿y el mío?
Darío, esperando esa pregunta, le extendió una segunda caja.
—Por supuesto que no me olvidé de ti. ¿Acaso no es tu cumpleaños el próximo mes? Tuve que mover muchos hilos para conseguir esto. Ábrelo, espero que te encante.
Al principio, al notar que la caja lucía bastante sencilla, Yara pensó que él solo quería salir del paso. Pero al escucharlo hablar con tanto misterio, su pecho se llenó de expectativas. ¿Podría ser una pieza exclusiva de una marca privada aún más sofisticada que Maison Milán?
Disimulando su aire de superioridad, abrió la caja a toda prisa. Efectivamente, también era una pulsera, pero carecía por completo del resplandor de la de Roxana.

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