De regreso en la Mansión Sandoval.
Apenas entraron, Roxana y Darío escucharon una voz cargada de falso dolor.
—Papá, mamá, ¿por qué nadie me avisó que estaban aquí? Fui al hospital y no había nadie, pensé que ya se habían ido todos. Si Elba no se hubiera comunicado conmigo, no me habría enterado. Antes nunca me ocultaban nada. ¿Por qué me hacen a un lado ahora? ¿Acaso ya me consideran una extraña?
—Yara, no te ocultamos nada a propósito —respondió Marina con dulzura—. Anoche nos dijiste que estabas agotada de tanto practicar piano, así que queríamos que descansaras. Además, le dejamos dicho a los empleados que podías ir directo al hospital cuando despertaras.
—No llores, hija. Es cierto que hoy nos descuidamos un poco, pero pasaron muchas cosas. Luego te explicaremos todo con calma —añadió Rafael, sin perder la paciencia por la interrupción de su descanso.
Marina y Rafael le relataron con paciencia a Yara todo lo ocurrido durante el día.
Al escuchar la historia, el rostro de Yara reflejó una profunda conmoción.
—¡Dios mío, pasó todo esto y yo ni siquiera lo sabía! Qué mala hermana soy. Me perdí algo tan grave como el secuestro de Roxana y encima vengo a molestarlos tan tarde. Papá, mamá, ¿soy demasiado egoísta?
Naturalmente, Marina y Rafael se apresuraron a consolarla.
En ese instante, Yara escuchó un ruido en la puerta. Al darse vuelta, vio que su hermano Darío y Roxana entraban juntos, y la habitual distancia que siempre había entre ellos se había esfumado.
Parecían conectados por un auténtico lazo de sangre, como verdaderos hermanos.
Ese cambio fue un golpe bajo para ella.
Inmediatamente, intensificó su actuación y corrió a tomar las manos de Roxana.
—Roxana, lo siento muchísimo. Acabo de enterarme de lo que te pasó. Quién diría que el tío Nicanor, que siempre parecía tan amable, sería capaz de hacer algo tan horrible contra su propia familia. Pero no te preocupes, a partir de hoy te acompañaré a todas partes. Nunca más caminarás sola.
Roxana retiró sus manos al instante y respondió con frialdad:
—Gracias por tu preocupación, pero estoy bien. No necesito que me sigas. Si tienes tanto tiempo libre, deberías pasarlo con Darío y mis papás.

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