—¡Cierto! Mi hijo lleva horas en urgencias, le hicieron un montón de estudios y nos dicen que no tiene nada, ¡pero sigue temblando de dolor!
—¡Lo mismo pasa con mi nieto! Ni un año tiene. Solo se raspó un poco la rodilla y nos obligaron a hacerle análisis de sangre y tomografías. ¡Son unos estafadores!
—¡Este hospital es lo peor! Me hice un chequeo completo en otra clínica y aquí me obligan a repetirlo todo. ¿Qué se creen? ¿Que los estudios de los demás no valen?
Al ver que los demás se sumaban a sus reclamos, Luisa y Elba sonrieron con aire triunfal.
El médico, temiendo que la situación escalara y perjudicara al hospital, intentó explicarse rápidamente:
—A la señora del niño que tiembla: ya lo evaluamos. Físicamente está sano, sus espasmos podrían ser de origen psicológico. Les sugerimos ir a psiquiatría, pero ustedes se negaron.
—Y a la abuela del pequeño: su nieto no solo tiene un raspón, se cayó desde un segundo piso. Le mandamos estudios porque es muy pequeño para decirnos dónde le duele y debíamos descartar hemorragias internas, no por sacarles dinero.
—Y finalmente, si pedimos repetir estudios es porque los equipos varían. Queremos asegurarnos con la mejor tecnología para darles un diagnóstico certero. ¡No inventen rumores infundados!
Elba resopló con desdén.
—¡Cualquiera puede inventar excusas baratas! ¡Seguro es lo que dicen para limpiarse la conciencia! Si no, ¿cómo explican que mi madre y yo fuimos envenenadas y no encuentran absolutamente nada?
—¡Suficiente!
Rafael, Darío y Marina jamás imaginaron que al llegar al hospital, en lugar de encontrar a Roxana, se toparían con Luisa y Elba incitando a un motín contra los médicos.
Madre e hija, que estaban en su apogeo de indignación, se giraron creyendo que alguien del hospital les gritaba, pero palidecieron al ver a Rafael.
De inmediato, guardaron su arrogancia y adoptaron una actitud lastimera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA