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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 412

Sin titubear, Paula llamó a los guardias de seguridad para que echaran a las dos mujeres.

—¡Oye! ¿Qué hacen? —chilló Elba, histérica—. ¿No saben quién soy? ¡Quítenme esas manos sucias de encima! ¡Si me vuelven a tocar, se las verán conmigo!

Luisa también ardía en rabia.

—¡Suelten a mi hija! ¡Atajo de muertos de hambre, cómo se atreven a tocarnos! ¡Mañana mismo haré que mi hermano los hunda en la miseria!

Pero por más que patalearon e insultaron, terminaron siendo arrojadas a la acera sin piedad.

Cuando el ruido por fin cesó, Paula advirtió a sus empleados:

—La próxima vez que vean a estas dos, ni se molesten en hablar. Échenlas de inmediato.

Los clientes presentes aplaudieron la decisión.

Mientras tanto, Luisa y Elba se encontraban en un estado lamentable.

Al notar que la gente en la calle las señalaba y murmuraba, no se atrevieron a seguir haciendo un escándalo en la puerta de Maison Milán y se refugiaron en un callejón solitario.

Sin embargo, las maldiciones no cesaban.

Justo cuando sacaban sus teléfonos para llamar a alguien que las ayudara, dos gruesos costales cayeron sobre ellas desde arriba.

—¡Ah! ¡Mamá! ¡Ayúdame! —gritó Elba, envuelta en la oscuridad, presa del pánico.

—¡Elba! ¡Aquí estoy, no tengas miedo! —Luisa también forcejeaba dentro de su saco, gritando para amenazar a sus agresores—. ¡Soy la hermana de Rafael Soler, el magnate de Veridia! ¡Más vale que nos suelten ahora mismo o mi hermano no se los perdonará!

—Vaya, vaya, conque parientes del hombre más rico. ¡Parece que nos sacamos la lotería!

Respondió una voz burlona y sin una pizca de miedo desde el exterior. Antes de que pudieran asimilar el pánico, un par de golpes certeros las dejaron inconscientes.

***

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