—Muchas gracias, Jefa.
Roxana agitó la mano, restándole importancia.
—¿A dónde vas? ¿Quieres que te lleve?
Dulce había llevado su propio auto, así que negó de inmediato.
—Gracias, pero no hace falta.
Roxana no insistió. Tal como había dicho, tenía una buena impresión de Dulce y sabía que su hermano Darío sentía algo especial por ella.
Pero eso era asunto de ellos. No necesitaba involucrarse.
Universidad del Sur.
Roxana entró al aula justo a tiempo.
Apenas cruzó la puerta, Ximena Torres y Camila Yáñez se acercaron para saludarla con entusiasmo.
Roxana les sonrió. De pronto, notó que el asiento de Silvano Sarmiento estaba vacío, lo cual le extrañó.
Silvano siempre era muy aplicado; no faltaba a clases ni aunque estuviera enfermo. ¿Por qué no había asistido hoy?
Camila notó que miraba hacia el lugar vacío y le explicó en voz baja:
—Roxana, últimamente Silvano viene con prisa y se va corriendo. El profesor Javier Yates nos comentó que al parecer hay problemas graves en su familia.
—¿Qué pasó? —Roxana había estado tan ocupada fuera que no estaba al tanto de los rumores del grupo.
Ximena se apresuró a contestar:
—La madre de Silvano siempre ha sido muy frágil. Se dice que esta vez la familia Sarmiento la hizo pasar un coraje terrible y empeoró mucho. Silvano no tuvo más remedio que faltar para ir a cuidarla.
Roxana comprendió. Silvano padecía un trastorno hemorrágico hereditario evidente, así que la enfermedad de su madre seguramente era mucho más grave.
Aunque lo conocía de hace poco, él había sido el primero en demostrarle amabilidad en esa universidad. Decidió que iría a visitarlo.
—Roxana, ¿están hablando de Silvano? —León Valdés se dio cuenta de que cuchicheaban, así que arrastró su silla hacia ellas y se metió a la fuerza en la conversación.
Roxana miró a León, quien se había estirado con sus largas piernas para acercarse.
—Así es. ¿Sabes en qué hospital está?

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