«¿Estará ella allí adentro en este momento?
¿Debería acercarme a saludar?
Hoy me vestí bastante formal. ¿Acaso pareceré demasiado aburrido?»
Thiago dio un vistazo a su alrededor y, al notar que la subasta aún no daba señales de comenzar, pensó en salir a dar una vuelta. Sin embargo, se quedó atónito al ver que Valeriano se estaba ajustando el cuello de la camisa y alisando los pliegues de su pantalón mientras se apoyaba en los reposabrazos.
—¿Qué intentas hacer? —le preguntó, sin poder ocultar su sorpresa.
Después de todo, sabía lo mucho que su amigo detestaba sus propias piernas; si podía evitar mirarlas, lo hacía, y mucho menos se molestaba en arreglarse el pantalón de esa manera.
—La familia Soler está en la sala de al lado. Llévame para saludarlos —explicó Valeriano con total calma.
—Yo...
—Toc, toc...
Justo cuando Thiago iba a soltar una carcajada, unos golpes en la puerta lo interrumpieron.
Conteniendo la risa, fue a abrir. Para su sorpresa, Darío Soler estaba parado en el umbral.
Detrás de él asomaba una chica con un vestido largo y elegante. Claramente era una mujer.
Thiago no pudo contenerse más y soltó una sonora carcajada.
Darío lo miró completamente desconcertado.
—¿De qué te ríes? ¿Acaso mi cara te parece un chiste?
Thiago agitó la mano en el aire, tratando de explicarse entre risas.
—No es nada, es solo una coincidencia. Valeriano justo iba a buscarte y apareces tú.
Darío esbozó una sonrisa al entender la situación.
—Pues sí que es una casualidad. Pensamos en venir a saludarlos ya que la subasta aún no empieza.
Al escuchar la voz de Darío, Valeriano se enderezó de inmediato en su silla de ruedas. Y al oírlo decir «pensamos», asumió que Roxana lo acompañaba, por lo que volvió a acomodar su postura, tratando de no parecer tan rígido e intimidante.
—Valeriano, no puedo creer que después de tantos años de conocernos, justo hoy tengamos esta sincronía. Pero eres un mal amigo, trajiste el Té Gracia de las Nieves y ni siquiera me avisaste para compartirlo —se quejó Darío apenas entró a la sala.
—Aún estás a tiempo —respondió Valeriano en un tono tranquilo.
Dicho esto, desvió la mirada hacia la persona que estaba detrás de Darío. No logró verle el rostro al principio, pero reconoció el vestido largo. Su semblante se suavizó de inmediato.

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