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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 370

Marcelo, ofendido por sus absurdas exigencias, no se dignó a responder.

—¡Tía Luisa, ¿te das cuenta de las estupideces que estás diciendo?! —Darío, cansado de escucharla perder por completo el juicio, intervino—. ¿Alguna vez has visto a mi tío Marcelo mentir? ¿Quién te crees que es la Doctora Serena? ¡Ni siquiera Don Abelardo la conoce en persona! ¡Le estás pidiendo a mi tío que logre un imposible!

—¡Darío, soy tu tía! ¡Tu tía de sangre! ¡Cómo te atreves a hablarme en ese tono! —Luisa se llevó una mano al pecho, mezcla de ira y frustración—. Solo intento aferrarme a la vida. Sé que le estoy pidiendo mucho, ¡pero si pudiera lograrlo yo sola, no se los estaría suplicando!

—¿Y a esto le llamas suplicar? —Marina ya no pudo contenerse—. ¡Desde que te enfermaste, no hay capricho tuyo que no hayamos cumplido! Tu hermano y yo hemos hecho hasta lo imposible por ti. ¡Pero lo que nos pides hoy es inalcanzable, ni siquiera para mi hermano o para nosotros! ¡Y todavía te atreves a acusarnos de abandonarte a tu suerte! ¡Luisa, no tenses más la cuerda!

Rafael, con un profundo sentimiento de decepción, se unió a ella:

—Luisa, sé que estás enferma y que necesitas apoyo. Pero nosotros no te debemos nada. Marina y yo hemos hecho todo lo humanamente posible. Si hoy puedes mantenerte de pie y seguir exigiendo, es gracias a que Marcelo invirtió su tiempo en tratamientos especializados para estabilizarte.

¡Y después de todo su esfuerzo, tienes la osadía de reclamarle que te abandona a tu suerte! ¡Es el colmo!

¡Váyanse de mi palco, todos ustedes! ¡No quiero verlos!

—¡Rafael! —Nicanor, asustado al ver que el siempre tolerante Rafael los estaba expulsando, trató de intervenir—. Luisa no quiso decir eso, solo habló por desesperación. Por favor, no se lo tomen a pecho.

Pero Rafael ya no quería escuchar más excusas.

—Nicanor, no es un buen momento para que estemos juntos esta noche. Llévatela.

Al ver que Rafael se mantenía inflexible, Nicanor no tuvo más remedio que ceder y prepararse para marchar.

—¡Papá! —Elba lo jaló del brazo con pánico—. Llegamos tan rápido que ni siquiera reservamos un palco. Si salimos ahora, ya no podremos regresar y los periodistas se enterarán. ¡Imagínate lo que van a escribir!

—¡Cállate! ¡Si tú y tu madre hubieran mantenido la boca cerrada, no nos estarían echando! ¡Camina, y no me hagas gritarte frente a todos! —Nicanor estaba rojo de rabia, jaló a ambas mujeres y se dirigió a la puerta.

Antes de salir, se disculpó una vez más, pidiéndoles que ignoraran los comentarios de Luisa.

Solo después de su partida, las expresiones de Rafael y Marina comenzaron a suavizarse.

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