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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 366

—¡Rápido, ese es el auto de la familia Soler, los más ricos del país!

Al escuchar a alguien gritar que habían llegado los magnates, un grupo de reporteros corrió hacia allí alzando sus cámaras.

Poco después, un auto lujoso y un deportivo blanco y deslumbrante llegaron casi al mismo tiempo a la entrada. El conductor del auto de lujo se bajó primero y abrió respetuosamente la puerta trasera. Rafael Soler, con un porte elegante y formal, descendió del vehículo, asintió amablemente hacia los periodistas y extendió la mano para ayudar a bajar a la refinada y majestuosa Marina.

—Presidente Soler, Señora Soler, por favor miren hacia acá.

Ambos sonrieron de forma impecable hacia las cámaras. Al mismo tiempo, Darío Soler, vestido con un traje impecable pero con un aura relajada, bajó de su deportivo. Sin embargo, no se alejó de inmediato, sino que se dirigió al asiento del copiloto para abrir la puerta como todo un caballero.

Todos pensaron que había traído a alguna pareja y miraron con curiosidad. De inmediato, Yara Soler, luciendo un vestido color champán que acentuaba su esbelta figura, bajó del vehículo. Al ver que todos los focos se centraban en ella, esbozó una sonrisa dulce y elegante. Caminó junto a Darío hasta situarse al lado de Rafael y Marina. Los cuatro posaron para los fotógrafos y luego ingresaron juntos al recinto.

Alcira reconoció enseguida el vestido de Yara. Era de la colección de primavera de Maison Milán. Ella misma lo había deseado, pero esa pieza era una edición limitada a nivel mundial y solo había un ejemplar en el país, el cual no pudo conseguir.

Al ver llegar a la familia Soler, Ricardo se alisó el traje y se acercó con una sonrisa complaciente.

—Presidente Soler, Señora Soler, qué coincidencia. ¿Ustedes también vienen a la subasta?

En cuanto lo vio, Marina borró su sonrisa y lo ignoró por completo. La amabilidad de Rafael también se esfumó, pero, por mera cortesía, respondió al saludo.

—Señor Maldonado.

Ricardo notó claramente la frialdad, pero no le importó y siguió sonriendo mientras les abría paso de forma aduladora.

—Por favor, pasen ustedes primero.

Rafael y Marina no declinaron la oferta y avanzaron. Detrás de ellos caminaban Yara y Darío.

Al ver la actitud rastrera de Ricardo, los labios de Yara se curvaron en una sonrisa burlona.

—Darío, mira lo patéticos que son los Maldonado. Es lógico que, habiendo crecido en una familia tan arribista, la mentalidad de Roxana se haya visto afectada, por eso acepta sin pudor todas las tarjetas bancarias y propiedades que le dan nuestros padres.

Darío, que había mantenido una leve sonrisa todo este tiempo, cambió drásticamente de expresión al escucharla.

—Yara, ven conmigo. Necesito hablar contigo.

Yara notó su semblante sombrío y su corazón se aceleró de nerviosismo.

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