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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 352

Roxana asintió, validando por completo la opinión que él tenía sobre los Maldonado.

—Tienes razón. La familia Maldonado es verdaderamente de tercera.

Carlos se quedó sin palabras.

Siempre que usaba esa amenaza en el pasado, las mujeres se arrodillaban suplicando clemencia y cedían a todos sus caprichos.

¿Por qué a ella no le importaba en lo más mínimo y hasta parecía ansiosa por verlo destruir a los Maldonado?

¿Acaso esta era una nueva modalidad de estafa en Puerto Esperanza?

Al verlo pasmado, Roxana le dio una orden clara.

—Llámale a Alcira Maldonado.

—¡Por qué demonios tendría que hacerte caso! ¿Quién te crees que eres para darme órdenes? ¡Te lo advierto, ya no quiero jugar! Son un montón de escoria barata. Si no fuera porque tu cara es de mi agrado, ni siquiera habría puesto un pie aquí. Ya que no sabes lo que te conviene, muy bien, se acabó la cortesía. ¡De todos modos, esta noche serás mía!

Carlos se puso de pie y se abalanzó nuevamente hacia Roxana.

Toda su mente estaba nublada por la furia de sentirse manipulado. Olvidó por completo la brutal patada que lo había mandado a volar apenas unos minutos antes. En un ataque suicida, agarró una taza de té que había en el suelo y se la arrojó a la cara.

Roxana ni siquiera se molestó en esquivarla. Desde su posición, dio una patada giratoria y conectó el tacón directamente contra la taza, impulsándola de vuelta hacia la frente del hombre.

*¡Crack!*

Esta vez, Carlos no tuvo tanta suerte. Los fragmentos de cerámica estallaron contra su frente, provocándole un corte profundo.

La sangre brotó al instante, escurriéndole por el rostro y cegándole un ojo.

—¡Aaah! ¡Mi cabeza, mi ojo! —bramó Carlos con alaridos que parecían los de un cerdo en el matadero, mientras no dejaba de escupir veneno—. ¡Eres una mujer víbora, una maldita arpía! ¡Me las vas a pagar! ¡No solo te voy a arruinar, sino que voy a hacer que te vendan a ti y a tus hermanas a un burdel para que se pudran en la calle!

Roxana nunca mostraba piedad con sus enemigos, y menos con alguien que suplicaba a gritos que lo hicieran sufrir.

Pisó con fuerza la mano que él apoyaba en el suelo, usando un ángulo letal.

*¡Crack, crack!*

El crujido de los huesos dislocándose resonó en la habitación.

Carlos sudaba a mares; las venas le palpitaban en la frente. Preso de una agonía insoportable, se rindió de inmediato.

—¡No me pises más! ¡Llamaré, llamaré!

Sentada en el reservado contiguo, Alcira escuchó el alboroto y pensó, con una sonrisa despiadada y maliciosa adornando su delicado rostro, que Carlos ya había conseguido su objetivo.

Poco después, recibió la llamada. Contestó con tono emocionado.

——Señor Valente, ¿ya se encargó de Roxana?

La respiración de Carlos era errática y pesada debido al dolor, pero hizo un esfuerzo sobrehumano por estabilizar la voz.

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