La Mansión Sandoval, siendo la residencia de la familia más poderosa de Puerto Esperanza, obviamente no era un lugar al que cualquiera pudiera entrar.
Tras pasar por varios filtros de seguridad extremadamente estrictos, el auto en el que viajaba Roxana finalmente ingresó al recinto.
Lo primero que saltaba a la vista era un inmenso jardín de estilo clásico, con pilares esculpidos, detalles de madera finamente tallados y una elegancia innegable.
Roxana lo observó con calma, pensando que el Heredero Sandoval no tenía mal gusto.
Yara, por su parte, ya estaba deslumbrada por el poder adquisitivo de los Sandoval. ¡Tener una mansión tan grande y elaborada en el centro de Puerto Esperanza, donde el metro cuadrado costaba una fortuna, era alucinante!
Al notar que Roxana, a quien consideraba una ignorante, miraba por la ventana, Elba se enderezó en su asiento y comenzó a alardear.
—Roxana, ¡no nos dejes en vergüenza con esa cara de asombro! Te cuento que todo este jardín fue diseñado personalmente por Valeriano. Y su inspiración fue nada menos que escuchar a Yara tocar la Cítara Fénix. Incluso mi abuelo dice que hacen una pareja perfecta.
—Ay, Elba, no digas esas cosas. Yo no estaba enterada de nada de eso —respondió Yara, a quien, de hecho, esa historia le tomaba totalmente por sorpresa.
Sin embargo, con solo pensar en aquel hombre, guapo como un dios, su corazón empezó a latir con fuerza y la ilusión se dibujó en su rostro.
—Yara, te lo juro, mi mamá se lo escuchó decir a mi abuelo. ¿Por qué te mentiría con algo así? Además, cuando Valeriano iba a visitarnos a la casa Soler con sus padres, ¿cuándo no te llevó un regalo especial solo a ti? En cuanto a talento y belleza, eres la mejor de la familia Soler. Y por supuesto, estás muy por encima de cualquier campesina aparecida de la nada.
Yara sonrió encantada, aunque intentó reprenderla con suavidad.
—Elba, ya basta. Aunque Roxana acaba de regresar, ella también tiene sus talentos. La última vez que tocó una canción, mamá y papá la elogiaron mucho.
Elba rodó los ojos.
—¿Cómo va a ser mejor que tú, que fue criada como la hija perfecta? Tú eres la verdadera artista, el orgullo de mi tío Rafael y mi tía Marina. Si ella no fuera su hija biológica, ni siquiera le hubieran dejado acercarse a los instrumentos en la familia Soler.
En cuanto terminó de hablar, se dio cuenta de su error. Miró a Yara y, al ver que su expresión se había endurecido, se apresuró a disculparse.


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