—¡¿Quién te dio permiso a ti y a tu madre de envenenar a Valeriano Sandoval?! ¡¿Quién te autorizó a desperdiciar el único favor que nos debía la familia Sandoval en ese inútil de la familia Mota?! ¿Sabes en qué estado crítico se encuentra el Grupo Maldonado ahora mismo? Si no hubieras hecho esa estupidez, nada de esto habría pasado. ¡Tu madre no estaría encerrada y yo no habría pasado por semejante humillación!
—¡Papá! —sollozó Alcira. Nunca había visto a su padre tan furioso. Intentó dar una excusa.
Pero Ricardo la cortó en seco.
—¡Apenas puedo salvar mi propio pellejo, mucho menos voy a poder sacar a tu madre!
Sin embargo, su expresión se endureció y añadió:
—Si no quieres que tu madre se pudra en prisión y no quieres ver a los Maldonado en la quiebra absoluta, mañana a primera hora irás a pedirle perdón a tu hermana. Todo este desastre empezó porque te robaste su partitura. Roxana siempre ha tenido un corazón blando; tal vez decida perdonarnos.
Alcira abrió los ojos de par en par. Pedirle disculpas a Roxana era equivalente a arrastrar su propio orgullo por el fango para que su hermana lo pisoteara.
¡Jamás podría aceptarlo!
—Papá, yo no...
Ricardo, harto de sus excusas, gritó con furia:
—¡Si no eres capaz de hacer eso, entonces no me vuelvas a llamar papá!
Si no hubiera sido por el estúpido capricho amoroso de su hija, desperdiciando el favor de los Sandoval, los Maldonado jamás estarían al borde del abismo.
¡Pero ahora ya era demasiado tarde para lamentarse!
Al ver la determinación inflexible en el rostro de su padre, Alcira sintió que el pecho se le partía del dolor y la humillación.
Ella era la que estaba siendo la burla de todos.
Ella era la que estaba sufriendo...
¡¿Y encima la obligaban a pedirle disculpas a esa maldita de Roxana?!
A pesar de haberla echado de la casa, ¿cómo era posible que Roxana siguiera controlando su vida?
¡Esa chica sería siempre una bastarda para ella!
Marcó de inmediato el número de Cristián Mota, lista para llorarle sus penas y pedirle que la ayudara a desquitarse.
Pero Cristián se adelantó con un tono alarmado.
—Alcira, ¿sabías que el rumor de que plagiaste la canción de Roxana ya se esparció por todas partes? Hasta mi mamá se enteró y me estuvo interrogando. Traté de calmarla, pero es algo que no se podrá ocultar por mucho tiempo.

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