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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 341

Elena vio cómo Roxana apuntaba con exactitud al lugar que había sido manipulado, y su mirada se volvió helada.

—Ese broche lo compré especialmente en la exclusiva boutique de Maison Milán, es imposible que tenga problemas. Todo el mundo sabe que Maison Milán es famosa por su calidad impecable. Si hablas por hablar, ¡ten cuidado de que sus seguidores no acaben contigo!

En todo Puerto Esperanza, e incluso en el país, los fans de Maison Milán eran millones. Y la mayoría eran damas de la alta sociedad. Si Roxana se atrevía a decir barbaridades hoy, ¡ella se encargaría de ponerla en primera plana mañana! No le importaba que fuera un genio musical; llegado el momento, ¡la hundirían igual!

Yara Soler, quien también era una ferviente admiradora de la marca, reconoció a simple vista que era un diseño clásico de Maison Milán. Al ver que Roxana no dejaba de mirar el broche sin hacer nada, dijo con una segunda intención:

—Roxana, este asunto es muy delicado. Si no sabes qué es, mejor no te hagas la experta; de lo contrario, no solo ofenderás a la marca Maison Milán, sino a todos sus fanáticos.

La pasión de esas personas por Maison Milán no tenía nada que envidiarle a la de los fans por sus ídolos.

—Yara, Roxana aún no ha dicho nada, no la interrumpas —advirtió Darío Soler.

Sus palabras no tenían nada de malo, simplemente describían los hechos.

Pero en los oídos de Yara, sonó como si la estuviera acusando de intentar incriminar a Roxana. Los celos y el resentimiento estallaron en su pecho como olas furiosas.

—Darío, solo le advertía a Roxana por su bien, ¿por qué lo haces sonar como si estuviera hablando mal de ella?

Su tono era de pura víctima. Darío no tuvo más remedio que explicarse:

—Me malinterpretaste, no fue mi intención. Solo no quiero que nadie interrumpa a Roxana.

—Pero...

Yara quería seguir insistiendo, pero Marina Montes de Soler la frenó.

—Tu hermano tiene razón, mejor quédate callada.

Yara apretó los dientes, llena de odio. ¡Su madre jamás le había hablado así!

¡Todo era culpa de esa maldita de Roxana!

¡Por qué simplemente no se moría!

Roxana ignoró por completo la escena. Con sus dedos largos, de piel radiante y suave, sujetó el centro de la aguja alargada y presionó con habilidad.

Un fino polvo amarillento cayó sobre sus dedos.

Al instante, un extraño aroma, mezclado con olor a hierbas, impregnó el ambiente.

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