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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 322

Alcira la miró con los ojos desorbitados por el terror. ¿Cómo había terminado todo así?

Ella era quien debía estar recibiendo los aplausos y la admiración de todos, ¡y en cambio su reputación estaba destruida!

De pronto, las palabras de Cristián resonaron en su mente.

«¿Acaso no es mejor tragarse el orgullo y pedir perdón que terminar en los tribunales?»

Con los ojos inyectados en sangre y las lágrimas a punto de desbordarse, gritó como si le estuvieran arrancando el alma:

—Hermana, lo siento... No debí haber robado tu partitura. Te pido una disculpa... por favor... —apretó los dientes con tanta fuerza que sintió el sabor metálico de la sangre en su boca—, perdóname.

En cuanto pronunció la última sílaba, gruesas lágrimas de humillación resbalaron por sus mejillas.

Incapaz de soportarlo un segundo más, tiró el micrófono al suelo y salió corriendo.

—¡Eres una malagradecida, una víbora! ¡La familia Maldonado te dio de comer por más de diez años y así es como nos pagas! —gritó Elena al ver huir a su hija. Estaba muerta de preocupación por Alcira, pero no iba a dejar ir a Roxana sin descargar su veneno.

Roxana la barrió con una mirada glacial.

—La supuesta deuda que tenía con ustedes quedó más que pagada en esos diez años de maltratos. Señora Elena, si ya se le olvidaron las palabras que dije el día que me fui de su casa, con mucho gusto se las refresco aquí mismo, frente a todos.

Ricardo Maldonado captó la indirecta de inmediato y palideció.

El día que Roxana se había marchado, advirtió claramente que, si volvía a escuchar las palabras «malagradecida» o «víbora» dirigidas a ella, contaría públicamente cómo la familia Maldonado la había adoptado únicamente para usarla como banco de sangre y luego intentar venderla al mejor postor para asegurar negocios.

La empresa de la familia era su vida entera. No iba a arriesgarse a perderlo todo, así que se giró y le cruzó la cara a Elena con una bofetada sonora.

—¡Ya basta! ¡Cierra la boca de una vez! —le gritó, desquiciado—. ¡Si no hubieras consentido tanto a Alcira, no nos habría hecho pasar por esta vergüenza! ¡En lugar de corregirla, sigues solapando sus estupideces! ¡¿Acaso quieres destruir a Roxana para sentirte feliz?!

Elena, que llevaba décadas casada con él, se quedó paralizada, tocándose la mejilla ardiente. Habían tenido sus discusiones, pero él jamás le había levantado la mano.

Y mucho menos frente a cientos de personas.

Después de soltar el golpe, Ricardo no esperó a ver las reacciones y huyó despavorido como un cobarde.

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