—¡Cinco... cinco puntos!
La presentadora, al ver la pantalla, pensó que había leído mal. Parpadeó un par de veces para asegurarse, y al confirmar que no era un error, mantuvo la compostura como pudo y soltó una sonrisa forzada para salvar el momento.
—¡Bueno, no es una nota tan baja! Tampoco hemos tenido tantos competidores que superen los cinco puntos. ¡Vamos rápido a descubrir el último puntaje!
Por dentro, rezaba: «Que la última nota no sea más baja que ese cinco... ¡Se trata de la heredera de los Soler, por favor! ¡Los jueces deben tener un poco de sentido común!».
¡Pero pasó lo que más temía!
Cuando un claro 4 apareció en la pantalla, hasta la experimentada presentadora dejó escapar un grito de asombro.
El público entero estalló en murmullos indignados.
—¡Qué barbaridad! ¿Cómo pueden darle un 4 a una presentación tan maravillosa?
—¿Qué juez dio esa calificación? ¿Acaso no tiene ni idea de música?
—¡Un 4! Nunca había visto una nota tan baja. ¡O ese juez está sordo, o le tiene coraje a la señorita Yara y quiere arruinarla!
Roxana, mirando el 4 en la pantalla gigante, también se sorprendió un poco.
Aunque la melodía de Yara tenía detalles por pulir, un 4 parecía un golpe directo al orgullo.
Al ver que la situación se salía de control, la presentadora intervino apresuradamente:
—Por favor, mantengamos la calma. Sé que esta nota nos toma por sorpresa, pero les pido un poco de paciencia.
El ruido disminuyó levemente.
Fue entonces cuando una voz cargada de ira retumbó en todo el lugar:
—¡Roxana Soler! ¿Fuiste tú quien le dio ese 4? ¿Te mueres de envidia por el talento de Yara y tienes miedo de que te quite el puesto de la número uno de la facultad? ¡Seguro le diste ese puntaje para humillarla!
Roxana lo miró con total indiferencia y le respondió sin alterar la voz:

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