Al escucharla llamarlo así, él sintió una mezcla de amargura en su corazón, pero a la vez, una punzada de emoción.
Que ella usara ese título significaba que finalmente lo aceptaba como parte de su familia.
Roxana percibió la inquietud en su interior con solo mirarlo.
—¿Quieres preguntarme algo?
Darío se sobresaltó levemente, sin esperar que ella misma sacara el tema a colación.
Tras una breve pausa, le preguntó en voz baja:
—Roxana, ¿ese Elíxir de Renovación de verdad lo hiciste tú?
Ante esto, Roxana miró levemente hacia Valeriano.
Valeriano parecía haber anticipado su reacción y sostuvo su mirada con calma.
Esto no contaba como traición, después de todo, dado que se había mostrado allí y había curado a Andrés Blanco, era solo cuestión de tiempo antes de que lo del Elíxir de Renovación saliera a la luz.
Roxana, en el fondo, no guardaba ningún resentimiento contra Valeriano.
Desde el momento en que se topó con su hermano en el hospital, sabía que su identidad oculta estaba en peligro.
Además, ella nunca había querido mantener en secreto sus conocimientos médicos. De lo contrario, jamás habría sugerido curar el cáncer de mama de su tía Luisa.
Ella asintió y, acto seguido, preguntó:
—Entonces, ¿quieres que atienda la enfermedad de la tía Luisa?
La forma tan directa de plantearlo hizo que Darío sintiera una punzada de presión.
—No, no voy a obligarte a nada. Respetaré la decisión que tomes. Si prefieres no atender a nuestra tía, mi padre y yo buscaremos otras alternativas.
Con todo lo que la tía y Elba le habían hecho pasar, él sentía que no tenía derecho a imponerle ninguna obligación.
La respuesta dejó a Roxana bastante satisfecha.
—Me parece bien.
Darío apretó los labios y, tras un instante de duda, volvió a preguntar:
—Roxana, ¿por qué antes no nos dijiste a nuestros padres y a mí que tenías conocimientos médicos?
Roxana fue directa en su respuesta:

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