Julián no lograba comprender la jugada.
Era obvio que venderlos por separado les daría muchas más ganancias.
¿Acaso los de la Secta del Loto Carmesí habían perdido la cabeza?
Roxana, al oír el anuncio, mantuvo una expresión imperturbable.
Observó a los invitados del primer piso. Notó que estaban demasiado excitados, con los rostros rojos y sudorosos, como si estuvieran ebrios. Sus sospechas acababan de confirmarse.
Ese olor a medicina en el aire no era normal. Habían esparcido algo en el salón para alterar los sentidos de todos.
Y el medicamento también era sospechoso. El paciente que había recibido la inyección se había marchado con una expresión rígida, casi mecánica.
La Secta del Loto Carmesí no estaba allí para ganar dinero; quería someter y controlar a todas las facciones reunidas.
—¡¿Qué?!
Las bandas que se habían abstenido de pujar por la medicina ahora estaban eufóricas.
—La Hierba Ígnea de Sangre... ¡¿En serio la van a vender ahora?!
—¡Sí, lo dijeron claramente! ¡Jamás pensé que podría verla en persona!
—¡Esto es una locura! Sé que no puedo comprarla, pero con verla me conformo. ¡Hace diez años, un brote de esa hierba se subastó por más de mil novecientos millones de pesos!
—Mil novecientos millones... Yo ni en tres vidas ganaría algo así. ¿Quién será el maldito suertudo que se la lleve?
—¡Pues el Gremio Lobo Sangriento o la Alianza Ígnea, quién más!
Unos gritaban extasiados.
Otros sentían la adrenalina bombeando en sus venas.
Desde su palco, Valeriano dejó sobre la mesa los documentos que revisaba y dirigió su mirada hacia el salón.
Leandro, temiendo que su jefe tomara una decisión impulsiva, se apresuró a advertirle.
—Señor Sandoval, adelantaron la exhibición de la Hierba Ígnea de Sangre. Esto nunca había pasado en esta subasta. ¿Será una trampa?
Valeriano lo ignoró.
—¿Y el Gremio Lobo Sangriento? ¿Qué están haciendo?
Leandro miró hacia el palco de arriba, donde Bastián le hizo un gesto negativo con la cabeza.
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