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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 209

Caleb se negó de manera tajante, con un tono que no dejaba espacio a dudas.

La mano que Brenda apoyaba en el pupitre resbaló lentamente hasta caer al costado, mientras ella entraba en un estado de trance.

Al ver que sus súplicas también fracasaban, los otros dos cayeron en la más absoluta desesperación.

—¿Acaso no acaban de escuchar el aviso del director por el parlante? ¿Qué hacen lloriqueando en mi salón en lugar de ir a su oficina? —La profesora Lidia Ariza entró al aula abrazando unos libros. Al cruzar la mirada con Roxana, se notó un leve temblor en sus ojos.

Carraspeó para disimular su propia incomodidad.

Al fin y al cabo, solo era una estudiante. ¿Y qué si obtuvo el primer lugar? Ella seguiría siendo su profesora, ¿o no?

Al darse cuenta de que no sacaría nada llorando, Brenda se secó las lágrimas y, con el poco orgullo que le quedaba, salió del salón con pasos arrastrados.

Al pasar junto a Roxana, le lanzó una mirada envenenada.

—Hoy me trago esto, Roxana, pero te juro que la familia Durán no se va a quedar de brazos cruzados. ¡Me vas a pagar esta humillación con creces!

—De acuerdo, estaré esperando —respondió Roxana, sin dignarse siquiera a mirarla.

Los otros dos también quisieron soltar amenazas, pero al toparse con los ojos extremadamente fríos de Roxana, las palabras se les atoraron en la garganta y salieron cabizbajos.

Una vez solucionado el problema, Roxana regresó a su asiento.

Pero no para sentarse. Guardó sus bolígrafos, tomó su estuche y se levantó para salir.

—Tú... —Al verla moverse, la profesora Lidia quiso reprenderla por inercia.

Pero a mitad de la frase se mordió la lengua e intentó suavizar la voz al máximo.

—Roxana, aún estamos en horario de clases, ¿a dónde vas?

Caleb también pareció desconcertado. Tras dudar un momento, intentó darle una excusa.

—Roxana, ¿es que el... rector quiere hablar contigo?

Roxana, sosteniendo su estuche con una mano y el rostro libre de cualquier expresión, contestó:

—¿Acaso olvidó la profesora Lidia? La apuesta estipulaba muy claramente que, si obtenía el primer lugar, podría elegir mi clase.

Las pupilas de la profesora Lidia se contrajeron; de verdad se le había pasado por alto ese detalle.

Capítulo 209 1

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