Brenda no estaba dispuesta a aceptarlo.
—Compañera Roxana, ya nos hemos disculpado sinceramente, ¿por qué no quieres aceptarlo? ¿Acaso no te darás por satisfecha hasta echarnos a todos de la Clase Élite 1?
Al ver el descaro de la chica al intentar culparla, Roxana soltó una carcajada burlona, arrancando de cuajo la fachada con la que intentaban justificarse.
—Están equivocados en algo. Ustedes no se están disculpando porque crean que hicieron algo malo, sino porque no les quedó más remedio que agachar la cabeza tras ver de lo que soy capaz. Si no hubiera obtenido el primer lugar, a pesar de saber perfectamente que mi nivel es superior, jamás se habrían disculpado. Seguirían burlándose de mí con total desfachatez.
El estudiante que quería rebatirla se quedó mudo. Abrió la boca para decir algo, pero las palabras simplemente no le salieron.
Pasó un largo rato antes de que otro alumno hablara a la defensiva.
—¡Eso es mentira! ¡Nosotros no somos de ese tipo de personas! Si no hubieras ocultado tu nivel a propósito para confundirnos, ¡jamás habríamos firmado una apuesta tan injusta! A fin de cuentas, todo fue culpa tuya; fingiste debilidad para tomarnos el pelo y tendernos una trampa a todos.
Roxana respondió en tono sarcástico:
—Entonces, ¿sabían que esa apuesta era injusta pero aun así me obligaron a firmar, y ahora que pierden tienen la osadía de echarme la culpa?
Yara, que al principio temía que Roxana usara el momento para ganarse la simpatía de todos, sonrió para sus adentros al escuchar sus palabras.
La universidad no era un cuento de hadas; la crueldad de las relaciones ahí no era muy distinta a la de la vida real.
Roxana no estaba dejándoles ninguna vía de escape, e incluso si tenía la razón, su actitud provocaría que todos la marginaran.
Efectivamente, quienes segundos antes pedían disculpas, ahora estaban rojos de la rabia.
—¡No te estamos culpando! ¡Ya te pedimos perdón! ¿Qué más quieres? No somos unos malagradecidos como Marco Sarmiento, ¿en serio quieres obligarnos a irnos de la universidad?
—Exacto, esa apuesta no tiene sentido. Aunque no la cumplamos, nadie nos va a criticar. ¡Pero si tú insistes en tu sed de venganza después de haber sido compañeros, solo dejarás claro que eres vengativa y de mente estrecha!


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