—Justo ahora el rector miró su teléfono, ¿alguien le habrá dicho que hiciera eso?
—Imposible. ¿Quién podría influir en una decisión del rector solo con un mensaje?
—Exacto, ¡debe ser una coincidencia!
Brenda, que esperaba pisotear un poco más a Roxana, chasqueó la lengua con fastidio al ver que el rector le daba otra oportunidad a Silvano.
—Roxana, no te ilusiones. ¿Y qué si el rector lo deja tocar? Un ladrón siempre será un ladrón, jamás podrá llegar a lo alto.
Roxana, que nunca le había dado importancia a Brenda, soltó una media sonrisa y replicó:
—Tienes razón, un ladrón jamás podrá llegar a lo alto y está condenado al fracaso.
Brenda se quedó descolocada. No esperaba que le diera la razón, y una sombra de sospecha cruzó su mirada.
«¿Qué trama ahora?»
—No creas que por darme la razón olvidaré la apuesta. ¡Te aseguro que vas a perder!
Roxana se limitó a enarcar una ceja y no dijo más.
Esa actitud desinteresada y relajada encendió aún más la furia de Brenda.
¡Era evidente que la ignoraba por completo!
—¡Roxana!
—¿Podrías hacer silencio? —intervino Caleb Valente, fastidiado por el alboroto de la chica.
Brenda se puso roja como un tomate. Llena de vergüenza y enojo, pero sin poder hacer nada contra Caleb, se dejó caer en su asiento refunfuñando.
Poco a poco, los cuchicheos a su alrededor se apagaron.
En ese instante, las notas del violín volvieron a sonar por los parlantes.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: LA DESECHADA MANDA