Al ver cómo Roxana cambiaba la situación a su favor con solo un par de palabras y notando cómo la mirada de Caleb hacia ella cambiaba, Yara apenas podía contener la furia y la envidia que la consumían por dentro.
Aun así, no arremetió de inmediato contra Roxana. Ocultando su rabia, comentó con voz dulce:
—Justo me preocupaba que mi hermanita Roxana se metiera en problemas, pero qué sorpresa ver cómo saca a relucir su relación con Don Abelardo. Ojalá eso no le cause inconvenientes a él.
Caleb notó que había algo raro en su comentario, pero no sabía identificar qué.
Roxana había dicho que Don Abelardo la reclutó, lo que implicaba que se conocían de antes y tenían cierto vínculo.
Probablemente a eso se refería Yara con su «relación».
Hizo una pausa antes de responder:
—Si a mi tío abuelo le molestara, ya lo habría aclarado. Si no lo ha hecho, es porque no le importa. No te preocupes demasiado. Si Roxana es tan brillante, será bueno para la universidad.
Yara, sabiendo cuánto respetaba Caleb a Don Abelardo, pensó que sus palabras le harían ver a Roxana como una oportunista que se colgaba de su poder, ¡pero él lo vio como algo positivo!
El fuego de la ira rugía en su interior, casi haciéndola perder la compostura.
Tragando su rabia, logró articular unas cuantas palabras.
—Sí, tienes razón.
El estudiante que se había burlado de Ximena antes, al ver que varios de los suyos se habían rendido y pedido disculpas, se sintió humillado y se negó a ceder, pese a su evidente nerviosismo.
—¡Qué buena habilidad tienes para hablar, Roxana! Qué lástima que este examen no sea de discursos. La gente sin talento debería quedarse callada cuando recibe críticas. ¿De qué sirve tener una boca rápida si al final perderás todo?
Roxana lo miró con desdén indisimulable y le devolvió las mismas palabras.
—La gente sin talento debería quedarse callada y escuchar atentamente cuando recibe críticas. ¡Más te vale abrir bien los oídos ahora!
—Este es el área de exámenes. ¿Qué hacen todos haciendo tanto alboroto? —exclamó el profesor, interrumpiendo tras salir de consultar al rector y al director de departamento.
La multitud se dispersó de inmediato como aves asustadas.
Ximena tomó a Roxana del brazo antes de que volviera a su asiento.

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