Al ver que Silvano estaba adelante en la fila, un destello gélido cruzó la mirada de Marco Sarmiento.
Se levantó y se dirigió al profesor en el segundo piso.
—Profesor, ¿puedo solicitar rendir el examen por adelantado? Tengo unos asuntos urgentes que atender más tarde.
Había preparado todo meticulosamente y no pensaba permitir que Silvano tomara ventaja.
El profesor frunció el ceño, molesto por su intento de alterar el orden de la evaluación.
Sin embargo, el rector había indicado que se debía procurar atender las necesidades de los alumnos en la medida de lo posible, por lo que no quiso rechazarlo tajantemente frente a todos.
—No puedo darte una respuesta inmediata. Tendré que consultarlo primero con el rector y el director del departamento —dijo el profesor.
—Entendido, muchas gracias, profesor —respondió Marco con suma educación.
La expresión del profesor se suavizó un poco; hizo un gesto con la mano para pedir a los demás estudiantes que se sentaran nuevamente a esperar y entró al aula para hablar con Don Abelardo.
A los demás estudiantes les pareció una locura que Marco quisiera adelantar su turno.
Después de ver la cantidad de rechazados que había hasta el momento, la mayoría creía que pasar al final aumentaba las posibilidades de éxito.
La actitud de Marco desafiaba toda lógica.
—¿Será cierto que Silvano le plagió su obra, como él dijo? ¿Por eso tiene tantas ganas de enfrentarlo frente a todos? —especuló alguien con atrevimiento.
—¡No me digas! ¡Suena bastante lógico!
—Al principio no creía que alguien tan destacado de la Academia de Élite como Silvano pudiera copiarle a Marco, pero ahora ya no me parece tan imposible.
—Yo tampoco lo creía, pero si Marco no tuviera pruebas contundentes, no se atrevería a armar tanto escándalo. ¡Este examen va a sacar chispas!
Al oír sobre el posible drama, todos aguzaron el oído y la discusión subió de tono.
—Escuché que el escándalo del plagio no solo involucra a esos dos, sino también a... ¿ella? —murmuró uno, señalando discretamente a Roxana Soler.
Varias miradas cargadas de desprecio se clavaron en Roxana.



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