Brenda miraba el examen sin poder creerlo.
No había visto esas fórmulas químicas ni esos principios de física en su vida.
Apretando su bolígrafo, miró instintivamente hacia Roxana. La vio leyendo las preguntas con expresión relajada, sin mostrar ni una pizca de estrés. Parecía tenerlo todo bajo control.
El corazón de Brenda se hundió.
De repente, se arrepintió de haber caído en las provocaciones de Roxana y haber firmado aquella apuesta.
Pero un segundo después, vio cómo Roxana apoyaba los brazos en el escritorio y dejaba caer la cabeza sobre ellos.
Los ojos de Brenda casi se salen de sus órbitas. ¿Acaso... se iba a dormir?
¡Estaba loca! ¡El examen ya había empezado y ella durmiendo!
Al frente, el rostro del Director se transformó. Justo cuando iba a reprenderla, escuchó algo.
—Ejem, ejem...
Dos toses ligeras resonaron desde la puerta. Al levantar la vista, vio que era el mismísimo rector.
Hizo ademán de levantarse, pero Don Abelardo le hizo un gesto con la mano y señaló en dirección a Roxana.
El Director tardó un segundo en procesarlo. El rector le estaba diciendo que no despertara a la chica.
Aunque tenía la cabeza llena de dudas, no se atrevió a desobedecer y se quedó sentado en silencio.
Brenda observó atónita cómo el Director, que hace un segundo parecía a punto de estallar, se callaba de repente e ignoraba por completo a Roxana.
¿Quién estaba en la puerta para tener tanto poder sobre él?
De pronto, palideció. ¿Acaso era Don Abelardo?
Aterrada, agachó la cabeza y comenzó a contestar su examen, sin atreverse a mirar más.
Yara y Caleb también notaron el extraño comportamiento del Director.
Caleb miró pensativo hacia la puerta.


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