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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 149

Roxana regresó a la Universidad del Sur. Al pasar por la Academia de Élite, se dio cuenta de que la luz del aula de estudio privada del quinto grupo seguía encendida.

Dentro, en el más absoluto silencio, Marco Sarmiento sudaba a mares, buscando desesperadamente lo que necesitaba, como un ladrón en la noche.

No era la primera vez que hacía algo así, pero esta vez estaba demasiado nervioso, mirando a su alrededor a cada segundo.

Al ver que la cámara de seguridad estaba inmóvil, soltó un suspiro de alivio.

La luz no había cambiado a rojo, lo que significaba que no había nadie vigilando.

Mientras pensaba en eso, su mano chocó contra una libreta de cuero de tapa dura.

¿Lo encontró?

Su rostro se iluminó. Sacó la libreta con manos temblorosas y, efectivamente, estaba llena de partituras.

Aunque tenía el tiempo en contra, no podía confiarse. Revisó las notas por encima, y al confirmar que era exactamente lo que buscaba, sacó su propio cuaderno y copió toda la melodía con lujo de detalles.

Cuando terminó, devolvió la libreta a su lugar y acomodó todo lo que había movido para que no se notara.

Satisfecho, soltó un suspiro profundo y salió del aula con una sonrisa triunfal.

Bajó por las escaleras a paso rápido. Estaba tan eufórico que hasta se puso los audífonos y empezó a tararear al ritmo de la música, sin darse cuenta de que una figura delgada lo observaba desde la oscuridad, lejos de la luz de la luna.

Justo cuando estaba por irse, Roxana se apoyó en el barandal, lista para interceptarlo.

Pero de repente, ¡sintió una presencia extraña a sus espaldas!

—¡Quién anda ahí!

Con un movimiento ágil, giró sobre sus talones, agarró a la persona por el hombro con fuerza y la sacó de las sombras.

—¡Soy yo, Silvano Sarmiento! —soltó él, sintiendo que le iban a dislocar el hombro—. ¡Roxana, suéltame!

Roxana lo reconoció y aflojó el agarre.

—Tú...

Iba a preguntarle qué hacía ahí, pero entonces ató cabos.

—Lo estabas esperando, ¿verdad?

Silvano se masajeó el hombro, haciendo muecas de dolor. Al ver que lo había descubierto tan rápido, asintió con franqueza.

Capítulo 149 1

Capítulo 149 2

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