—No trates de defenderla. Si de verdad quisiera esforzarse, no andaría paseando fuera del campus un día antes del examen. Lástima por esos tontos de las facultades comunes que la ven como una luz al final del túnel. Ojalá pudieran ver quién es realmente la supuesta «esperanza» que idolatran.
Al escucharla, Yara escondió una sonrisa de triunfo.
Es cierto: lo que te levanta, también te puede hundir. ¿Cómo no se le había ocurrido antes?
***
Restaurante El Mirador.
Para demostrar su respeto, Darío Soler había llegado diez minutos antes de la cita y le ordenó al gerente del lugar que se parara en la entrada a esperar la llegada de Don Abelardo.
Sin dudarlo ni un segundo, el gerente acató la orden y se paró en la puerta como un centinela.
No tardó en aparecer una lujosa camioneta.
El gerente se enderezó de inmediato, listo para recibir a la visita. Sin embargo, para su sorpresa, quien bajó fue una mujer vestida con un elegante traje ejecutivo y un bolso de cientos de miles de pesos. Se notaba a leguas que era una persona de negocios de altísimo nivel.
Al verlo, la mujer lo miró con los ojos ligeramente entrecerrados por la duda.
—¿Usted es...?
El gerente se apresuró a presentarse:
—Buenas noches. Soy el gerente del Restaurante El Mirador. ¿Viene a cenar, señorita? ¿En qué salón privado tiene su reservación?
Paula Rossi se mostró sorprendida.
—Vaya, no sabía que El Mirador recibía a sus clientes con tanta elegancia. ¿El mismísimo gerente esperando en la puerta?
El gerente mantuvo la sonrisa, pero se congeló un segundo. Obviamente no se atrevía a confesar que en realidad estaba esperando a alguien más, así que soltó una respuesta diplomática.
—Nuestro jefe siempre nos recuerda que la prioridad número uno es hacer sentir en casa a cada persona que cruza esa puerta. Por eso le damos tanta importancia a la atención y experiencia de nuestros clientes.


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