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LA DESECHADA MANDA romance Capítulo 112

Al ver que Valeriano Sandoval no hacía ninguna pregunta, Alcira se mordió el labio inferior, nerviosa, antes de continuar.

—Cristián trabajaba con M&R Global, una empresa internacional muy prestigiosa, pero, de repente, se negaron a renovar el contrato. Él ha intentado de todo para convencerlos, sin éxito. Escuché que usted tuvo tratos con ellos en el pasado, así que me preguntaba si podría presentarnos o darnos una recomendación... ¿Sería posible?

Valeriano bajó la mirada, pensativo. Sus largas y densas pestañas ocultaban sus oscuros ojos, haciendo imposible adivinar lo que pasaba por su cabeza.

En medio de ese denso silencio, el corazón de Cristián latía con fuerza.

—¿Está usando la deuda que tengo por haberme salvado la vida para exigirme esto? —preguntó Valeriano, con una voz tan plana que carecía de cualquier emoción.

A Alcira se le encogió el corazón. ¿Acaso se estaba burlando de ella por usar ese favor?

—Señor Sandoval, se lo estoy pidiendo con toda sinceridad. Solo espero que, recordando que alguna vez lo ayudé, ahora pueda tenderle la mano a Cristián.

Al escucharla, Leandro contuvo un suspiro.

No era la primera vez que la joven usaba el cuento de haberle salvado la vida para exigir favores. Desde los contratos para la familia Maldonado, hasta las entradas para la subasta de lujo, pasando por los mejores recursos médicos para ella y para su madre, y ahora, los problemas de la familia Mota... Parecía un barril sin fondo.

La paciencia de Valeriano estaba a punto de agotarse.

—Si esta es la última vez que me pide ayuda, lo consideraré —respondió Valeriano, sentado majestuosamente en su silla de ruedas, exudando una frialdad y una elegancia inalcanzables—. Pero si no es así, lo siento mucho, mi respuesta es no.

Alcira jamás esperó que fuera tan directo. Su rostro delicado palideció.

—¿Significa que no va a cumplir su palabra?

¿No había prometido devolverle el favor de salvarle la vida? ¡Apenas le había pedido unas cuantas cosas y ya estaba perdiendo la paciencia!

Cristián también se sintió profundamente ofendido.

—Señor Sandoval, usted es un hombre de prestigio en Puerto Esperanza. Toda la ciudad sabe que Alcira le salvó la vida. Si ahora se niega a cumplir con algo tan simple, ¿no teme que la gente se burle de usted por ser un malagradecido?

Capítulo 112 1

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