Al ver que la maestra se negaba a entrar en razón, el rector perdió las ganas de seguir discutiendo el tema.
—Maestra Lidia, faltan solo tres días para los exámenes de la Academia de Élite. Espero que de aquí a entonces no cause más problemas. Una vez terminados los exámenes, la situación de Roxana se resolverá.
La firmeza con la que Don Abelardo defendió a Roxana dejó en claro que cualquier esfuerzo adicional sería inútil. Lidia no tuvo más remedio que tragarse su furia y salir de la oficina a regañadientes.
El director también fue despachado, dejando en la oficina únicamente a Don Abelardo y a Roxana.
El rector clavó la mirada en Roxana, adoptando una postura de severidad.
—Muchacha, esta vez te pasaste de la raya. Mira que atreverte a ponerle las manos encima a una maestra...
Al ser descubierta, Roxana no intentó justificarse. Simplemente asintió.
—Solo quería darle una pequeña lección. Los efectos desaparecerán en un máximo de cinco días.
—Ay, tú sí que no toleras que nadie se te ponga enfrente —Don Abelardo la señaló con el dedo índice desde lejos, aunque en realidad no estaba enojado—. Pero bueno, esta vez no fue del todo tu culpa. Fue un error de mi parte. Solo pensé en asignarte a la mejor clase y terminé empeorando las cosas.
Al escucharlo, Roxana se encogió de hombros y lo consoló casualmente:
—No se preocupe, no fue culpa suya.
El semblante del rector se relajó un poco al oír sus palabras.
Temía que la chica se enojara por su falta de previsión y simplemente dejara la escuela, pero para su sorpresa, era bastante fácil de tranquilizar.
No obstante, las siguientes palabras de Roxana lo llenaron de ansiedad nuevamente.
—Rector, Ezequiel y Sonia vinieron a la ciudad. Voy a salir esta noche.
—¡¿Qué?! —Los ojos del rector se abrieron de par en par, casi como platos, y preguntó lleno de pánico—: ¡¿Quién te dijo que están aquí?! ¡¿En dónde están ahora?!
Roxana se quedó sin palabras al verlo tan alterado.
Al final, ante la insistencia abrumadora y casi suplicante del rector, no tuvo más remedio que acceder a llevarlo con ella.
De todos modos, tendrían que verse eventualmente; daba igual si era antes o después.



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