Mientras jugaba con la pantalla de su celular, anunció:
—Encontré un par de cositas bastante interesantes.
Los gritos de Adriana se apagaron de golpe. Sus pupilas se dilataron, mirando a Kiara con una mezcla de pánico y sorpresa.
¿Qué nueva trampa le estaba armando esta maldita?
La gran pantalla volvió a cambiar.
Pero esta vez, no era un video.
Era una lista interminable de documentos y expedientes detallados.
—Esto es...
Al leer los títulos, Luis sintió que la sangre se le helaba.
«Marzo de este año: Desvío de fondos por cinco millones de una sucursal de la empresa Quintana hacia cuentas no identificadas.»
«Fecha X: Desvío de dos millones hacia una cuenta no identificada.»
«Fecha X: Contratación de matones para atacar a un compañero de clases. Resultado: lesiones de por vida. Se usaron sobornos para encubrirlo, forzando a varios testigos a abandonar sus estudios.»
«Fecha X: En el circuito de carreras, junto a Augusto, orquestó una trampa para obligar a unos corredores endeudados a firmar contratos de muerte. Resultado: dos fallecidos y un joven en silla de ruedas de por vida.»
...
Una por una. Caso tras caso.
Cada acusación venía acompañada de pruebas contundentes: registros bancarios, capturas de pantalla de chats, videos de seguridad y mucho más.
Incluso había mensajes de texto con amenazas que Adriana había enviado en el pasado, vaya uno a saber cómo los habían conseguido, expuestos claramente como evidencia.
Cualquiera de esos delitos era suficiente para asegurar que Adriana pasara el resto de su vida pudriéndose en prisión.
La mirada de todos los presentes hacia la joven se llenó de verdadero terror.
¿Eso era una niña bien de la alta sociedad? ¿Una jovencita de buena familia?
¡Esa mujer era un maldito demonio con piel humana!
Al ver su historial criminal exhibido en la pantalla, Adriana palideció hasta parecer un cadáver.
Estaba acabada.
Esta vez no había salida.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste