Pamela apretaba los puños con fuerza.
Odiaba a Kiara.
¿Por qué tenía que meterse justo en ese momento?
¿Por qué tenía que ir contra ella?
Kiara sabía que esta era su única oportunidad de levantarse.
Por eso tenía que presumir su medicina, tenía que aplastarla en todo.
Presumir, lucirse, exhibirla frente a la familia… ¿hasta que se sintiera satisfecha?
Lucía tenía razón.
La que viene del rancho siempre trae mañas y colmillo.
Entre más se enojaba, más suave e inocente se forzaba a ver su expresión.
Se clavó las uñas en los dedos y habló con una voz aparentemente amable.
—Kiara, ya sé que quieres competir conmigo… pero esto no es un juego. Si haces esto, vas a matar al señor Montiel…
Kiara las ignoró por completo; ni siquiera levantó la mirada. Le colocó la pastilla.
Yolanda quiso correr a detenerla, pero al ver a Joaquín ahí, firme como pared, se le fueron las ganas.
Solo pudo gritarles a los que venían con el señor Montiel:
—¡Deténganla! Kiara, si al señor Montiel le pasa algo, ¿te vas a hacer responsable?!
—Cof… cof, cof…
De pronto se escuchó una tos fuerte.
Yael, que estaba en el piso convulsionándose y morado, tras disolverse la pastilla, tembló de los párpados y abrió los ojos lentamente.
En cuestión de segundos, el tono morado en su rostro se fue desvaneciendo a simple vista.
Seguía pálido, pero ya se le veía un poco de color en las mejillas.
Su respiración también empezó a estabilizarse, más firme.
Los gritos de Yolanda y Pamela se apagaron en seco. Se quedaron tiesas.
Yael bajó la mirada a las pastillas en su palma.
Y de pronto se le clavaron los ojos en un detalle diminuto, casi imperceptible: un grabado, como un emblema.
La forma de esas líneas…
Las pupilas se le contrajeron. Se incorporó como pudo.
—Usted… usted…
Señaló a Kiara con la mano temblorosa. La voz ronca, pero cargada de emoción.
—¡Milagros! ¡Usted… usted es Milagros!
La palabra “Milagros” le cayó a varios como bomba y el murmullo estalló.
El nombre de Milagros era famoso. Casi nadie no lo conocía.
El maestro misterioso de la medicina, del que se decía que podía arrebatarle pacientes a la Muerte, al que los poderosos de todo el mundo perseguían y al que ni regalando fortunas lograban conseguirle una consulta…
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