¿Milagros?
¿Por qué el señor Montiel le decía Milagros a Kiara?
¿No se suponía que Milagros era un personaje legendario, aislado del mundo… un anciano de cabello blanco, con bata, de esos que parecen de otro tiempo?
¿Cómo iba a ser una chava tan joven?
Esa chica, a lo mucho, no llegaba ni a los veinte.
Y Milagros llevaba seis o siete años siendo famoso a nivel internacional.
¿Hace seis o siete años… cuántos años tenía ella?
No cuadraba.
¿Cómo iba a ser Milagros?
Yolanda y Pamela fueron las que más se alteraron. Casi gritaron.
—¡No puede ser!
Yolanda apuntó hacia Kiara.
—Señor Montiel, ¿está seguro de que ya está bien? ¿No se estará confundiendo? Ella… ella cómo va a ser Milagros.
—¡Imposible que me equivoque! —El señor Montiel estaba fuera de sí—. ¡Hace cinco años, en el Ártico! Me dio una enfermedad repentina durante una expedición, y usted… Milagros, usted me salvó. ¡Ese emblema en la pastilla, no lo voy a confundir jamás!
Señaló una parte de la pastilla verde; el dedo le temblaba.
—Estos cinco años la busqué para agradecerle. Sé que aquí los favores se pagan con creces. Uno debe ser agradecido. Pero investigué en muchos países y no encontré nada… y ahora… ahora…
Apretó las pastillas contra el pecho, como si fueran un tesoro.
—¡Y hoy me vuelve a salvar! Milagros… usted de verdad es mi salvación.
El kit que Kiara usaba para formar pastillas traía su marca, para asegurar que cada una fuera hecha por ella.
No esperaba que alguien detectara un detalle tan mínimo.
Sobre lo del Ártico, Kiara solo tenía un recuerdo muy vago.
Guardó las agujas en el estuche y asintió apenas.
Pamela se quedó dura, con la cara blanca, al borde del mareo.
Y cuando escuchó que Yael iba a entregarle a Kiara la cooperación total de sus proyectos internacionales, se tambaleó, casi sin poder sostenerse.
Yael era un tiburón financiero. Su proyecto en Solarenia era algo por lo que un montón de grupos grandes se peleaban.
Pamela había salido a hablar justo para eso: si salvaba a Yael, iba a aprovechar para quedarse con esos proyectos.
Mientras le aportara valor a la familia Ibarra, ellos reconocerían su utilidad.
Pero ahora…
Todo lo que ella había imaginado sí pasó.
Solo que cayó… en manos de Kiara.
Kiara le había robado otra vez el foco, la gloria.
Pamela estaba tan furiosa que sentía que se iba a volver loca.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Indomable: No soy la chica que echaste