La sonrisa segura de Margarita se le trabó un poquito.
Por más confianza que tuviera, no era tan ingenua como para creer que Joaquín sonreía así por su interpretación.
Era por la persona del otro lado del celular.
Apretó los labios y, sin pensarlo, miró a Pamela.
Pamela la observaba con evidente disgusto, y no tenía el celular en la mano.
No era ella.
Entonces… ¿quién?
Margarita estaba por retirar la mirada cuando escuchó la risa alegre de Fernando:
—¡Qué bárbara! Margarita toca muy bien el piano. Hasta Saúl Torres quedó encantado. Muy bien, de veras.
La atención de Margarita volvió a los Carrasco.
Vio al hombre aún tecleando y sintió un pique amargo.
Un pique que venía de una sola cosa:
Ella se había esforzado, se había atrevido a dejar clara su postura… y Joaquín ni la volteaba a ver.
Margarita siempre había sido directa; no era de guardarse el coraje.
Alzó la mirada y, con la calma de una señorita bien educada, preguntó con toda claridad:
—Entonces, señor Carrasco… ¿usted cree que yo tengo derecho a estar al lado del señor Joaquín?
El salón volvió a alborotarse.
Nadie esperaba que Margarita fuera tan frontal.
Todas las miradas se fueron a Fernando y a Joaquín, buscando su reacción.
Fernando seguía sonriente.
—Margarita, tú eres excelente. Donde te pares, tienes con qué. A mí también me gustas mucho.
¿Eso significaba… que Fernando la veía con buenos ojos?
¿Entonces la señorita Ibarra ya no pintaba?
Las miradas se movieron inquietas.
—Pero bueno… —Fernando sonrió con intención y giró el rumbo—. Este chamaco… ya tiene a alguien en el corazón. La futura esposa de mi nieto ya está definida.
Esas palabras cayeron como piedra en un lago.
Todos se quedaron en shock.
¿Joaquín… ya estaba con alguien?
¿Desde cuándo?
¿Fernando iba a aprovechar la fiesta de Eloísa para anunciar quién sería la futura dueña de la familia Carrasco?
Fernando acababa de rechazar a Margarita.
Entonces… ¿la elegida era la heredera de los Ibarra?
Con que ella quedara en ridículo, todavía… pero ¿por qué la arrastraba?
Fernando siguió con su sonrisa.
—Quién sea, eso depende de cuándo Quino logre conquistarla. Entre jóvenes, yo no me meto. Ya cuando haya buenas noticias… él mismo va a querer decirlo.
Eso sí era una bomba.
Si la alianza fuera con Pamela, nadie hablaría de “conquistar”.
Todo mundo sabía que Pamela llevaba años detrás de Joaquín.
Hasta el supuesto compromiso lo había andado presumiendo ella.
Pero ahora estaba claro: la que Fernando quería… ni siquiera era novia de Joaquín todavía.
¿Quién era esa mujer que ni el heredero Carrasco podía “conquistar”?
—¡Pamela no va a ser mi cuñada! —en ese momento, Eloísa hizo un puchero, molesta—. ¡Ella no le llega a Joaquín! Ya no los anden juntando. Mi futura cuñada es…
Cuando dijo “Pamela”, se le notó el asco en la cara.
Pero al hablar de su “futura cuñada”, se le iluminó la mirada.
Todos se quedaron atentos, esperando el nombre.
Pero Eloísa apoyó la cara en las manos, llena de adoración y orgullo.
—…es la mejor persona del mundo. ¡Bien guapa, bien ruda y bien, bien fregona!
***

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