Kiara estaba mirando.
De pronto, su celular vibró.
Bajó la vista: en la pantalla apareció el nombre de Joaquín.
Levantó la cabeza hacia el escenario principal.
El hombre sentado junto a Fernando sonreía con esos ojos coquetos, y su mirada cruzó entre la gente hasta caer, exacta, sobre ella.
Se miraron fijamente.
La sonrisa de él se marcó más. Dio un golpecito suave a su celular.
Kiara desbloqueó la pantalla y abrió el mensaje de Joaquín.
Joaquín: [¿Está bonita?]
Kiara le contestó al vuelo: [Hoy sí te la estás pasando bien, señor Carrasco. Es la fiesta de Eloísa y, aun así, estas niñas ricas se están desvivendo por lucirse… nomás para que las veas.]
Joaquín miró la hilera de texto.
La neta, sí estaba larguita.
Y ese remate tenía un tonito irónico clarísimo.
Joaquín respondió: [¿Andas celosa?]
Esa palabra hizo que el dedo de Kiara se quedara quieto sobre la pantalla.
Entrecerró los ojos.
¿Celosa?
¿Ella? ¿Cómo crees?
Kiara ni lo pensó y lo negó: [No.]
Joaquín, todavía más divertido: [Ajá… pero yo veo que ya traes cara de pocos amigos.]
Y enseguida remató: [Además, Kiki, se te nota lo agria en cada palabra.]
Kiara apretó el celular con fuerza y alzó la mirada, fulminando al hombre del escenario.
Él, después de mandar el mensaje, no había dejado de mirarla.
Con ese gesto, volvieron a cruzar miradas.
Él ni se inmutó; al contrario, levantó la comisura de los labios y le sonrió.
Una sonrisa de esas que parecen de “diablito”.
Kiara apretó el celular y tecleó con furia: [¿Qué tanto me ves?]
La sonrisa de él se fue ensanchando, poco a poco.
Esos ojos brillaban, como si le jugara la luz.
A Kiara le palpitó la sien.
«¿Por qué siento que este tipo… está ligando sin importarle el lugar?»
Y, efectivamente.
Al segundo siguiente, él la miraba con esa sonrisita mientras tecleaba.
[Será porque tú estás brillando.]
[Cuando estás tú, se me van los ojos contigo.]
Kiara se quedó sin palabras.
Él siguió: [Sobre todo cierta niña que ya anda celosa, pero se hace la que no le importa…]
[Hasta cuando se enoja en silencio, brilla.]
Kiara se quedó sin palabras.
Le palpitaba la sien.
—A ver quién es mejor.
—Nada más con lo que tocó la señorita Solís, yo ya quedé impactado. ¿La señorita Ibarra se subirá también a tocar?
Al ver a Margarita, la gente inevitablemente pensó en Pamela.
Una era heredera de la familia más rica de Rivella; la otra, de la más rica de Clarosol. Y las dos iban directo por Joaquín.
Era natural que las compararan.
Entre los murmullos, Margarita levantó la comisura de los labios y cruzó mirada con la cara pálida y fea de Pamela.
Su sonrisa se hizo más intensa y, sin ningún pudor, clavó los ojos en el hombre sentado con esa calma distinguida.
No dijo nada.
Pero la intención y la seguridad de “va a ser mío” eran clarísimas.
—Uuuy… —alguien en la gente soltó una porra con doble sentido.
Muchas iban tras Joaquín, sí.
Pero como Margarita, tan directa, tan evidente, tan prendida, declarando su interés frente a todos… esa era la única esta noche.
Sin embargo…
El hombre en el que todos estaban enfocados ni siquiera levantó la mirada.
Con los ojos bajos, miraba el celular con una flojera tranquila.
Sus dedos finos tecleaban, como si estuviera platicando con alguien.
Y en la comisura de sus labios seguía esa sonrisa.
Una sonrisa… bastante feliz.
***

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