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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 425

A Margarita no le impresionó nada.

Se burló con desprecio.

—Ay, qué flojera. Pura pose.

—Si te gusta alguien, ve por él. Si lo quieres, arrebátalo. Así es como consigues todo. Si a la señorita Ibarra le da tanta alegría por el señor Carrasco, entonces haznos el favor de hacerte a un lado y no estorbar.

Mientras hablaba, señaló con la barbilla hacia el escenario.

Ahí, después de que Eloísa terminara una pieza elegante de violín y se ganara los aplausos, varias chicas ya se estaban acercando con pretextos: felicitarla, brindar con Fernando, platicar… y, de paso, lucirse.

Unas recitaban, otras mostraban dibujos, otras tocaban música o presumían ajedrez. Todo fino, bien medido; el ambiente estaba encendido pero cordial.

En ese momento, algunas ya habían terminado de mostrarse.

Margarita levantó la comisura de los labios y miró a Pamela con reto.

—Tú, la que se cree intocable con un título a medias, quédate allá atrás.

Dicho eso, se dio la vuelta y caminó hacia el escenario.

Con porte seguro, le entregó a Eloísa un regalo que ya traía listo.

—Ellie, feliz cumpleaños.

Eloísa lo tomó con educación y, con la señal del presentador, lo mostró frente a todos.

Al instante se escucharon exclamaciones.

—¿No es ese el broche que se vendió en subasta hace poco por casi cuarenta millones? La última pieza de colección de la joyera Edna Paredes… “Mariposa Ilusión”.

Era un broche rarísimo de diamante rosa, con forma de mariposa a punto de alzar el vuelo. Estaba tallado con detalle, delicado, brillante.

Perfecto para alguien de la edad de Eloísa.

—Así que la compradora misteriosa era la señorita Solís.

—Con razón… si son los más ricos de Rivella. Está claro que los Solís y los Carrasco sí traen algo fuerte.

A Eloísa le encantó. Se le iluminaron los ojos.

—Gracias, Margarita. ¿Cómo supiste que llevaba mucho queriendo este broche?

Margarita sonrió.

—Si es tu ceremonia, el regalo tiene que ser algo que de verdad te haga feliz.

Eloísa sonrió, dulce.

—Me encanta.

Fernando, por el proyecto importante con los Solís y porque ya tenía buena impresión de Margarita, sonrió más y asintió.

—Se agradece, Margarita.

El precio no era lo importante.

Lo importante era el detalle.

—Con que a Ellie le guste, yo feliz —respondió Margarita con una sonrisa elegante.

La escena, para muchos, decía más de lo que parecía.

Con la actitud de Fernando, estaba claro que la relación entre los Solís y los Carrasco no era cualquier cosa.

Y Margarita se veía demasiado involucrada en el evento de Eloísa.

Subieron al escenario un piano blanco.

Margarita se sentó con una elegancia impecable.

A Pamela se le abrieron los ojos.

¿Margarita también iba a tocar piano?

¿Lo sabía desde antes y por eso se le adelantó?

Cuando los dedos de Margarita tocaron las teclas, la expresión de Pamela se tensó más.

—Dicen que la señorita Solís estudió con un maestro internacional… y se nota.

—La técnica, la emoción… te atrapa.

—Qué nivel. Con razón es la hija del más rico de Rivella.

Los elogios se encadenaron.

Pamela apretó los dedos, uno por uno.

En un rincón.

Kiara miró el escenario con una ceja alzada; se le dibujó apenas una sonrisa.

Sí tenía técnica.

Sonaba bien.

Y esas “señoritas finas”, una por una, sí traían lo suyo.

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