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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 424

Con su dinero y su posición, conseguir un maestro no era difícil.

Pero los que trajo la familia Carrasco eran gente de talla internacional, de lo mejor de lo mejor.

Eloísa no podía “elegirlos” a todos.

Y los lugares que sobraran se iban a pelear.

Si alguien lograba lucirse y, frente a todos, recibía un elogio o hasta una invitación formal, se le abrían puertas de golpe.

Y había otro punto clave:

Era la ceremonia de mayoría de edad de Eloísa.

Eso significaba que, a partir de ahí, podía empezar el tema de pretendientes.

Si alguien lograba caerle bien a Eloísa, también se ganaba el respaldo de los Carrasco.

Una alianza fuerte, ¿quién le dice que no?

Antes se rumoraba que la señorita Carrasco andaba muy pegada al hijo de la familia Ríos.

La familia Ríos había llegado a donde estaba gracias al apoyo de los Carrasco.

Pero…

En un evento así, tan importante, ni se veía a la familia Ríos.

¿Y eso qué significaba?

Que el espacio estaba abierto.

Y casi todas las miradas de las chicas se iban hacia ese hombre sentado al lado de Fernando: no decía nada, pero era imposible ignorarlo.

Con esa cara fría, afilada…

más de una se sonrojó.

Pamela, al verlas voltear una y otra vez hacia Joaquín, y luego poner cara de “yo voy a subir a lucirme para conquistarlo”, casi se reventó de coraje.

¿No sabían que las familias Ibarra y Carrasco tenían un compromiso?

¿No sabían que, de cara al público, Joaquín siempre había sido su prometido?

Una tras otra queriendo acercarse.

Y todavía se llamaban “señoritas de sociedad”.

—Señorita Ibarra, ¿por qué tan enojada? —una mujer guapísima, con vestido champaña y una copa en la mano, sonrió con labios rojos, descarada—. ¿Te dio celos ver a medio salón mirando al señor Carrasco?

Pamela se tensó.

La conocía.

—Por apariencia… creo que gano.

—Por capacidad, entré a la empresa a los dieciocho y a los veinte ya manejaba sola tres filiales en el extranjero.

—¿En qué le pierdo a la señorita Ibarra? ¿Y por qué tendría que hacerme a un lado? Que sea competencia justa: el que pueda, que gane. ¿O alguien cree que con un título “a medias” ya todos tenemos que abrirle camino?

Fue una tras otra: segura, directa, agresiva, sin esconderse.

Pamela temblaba de coraje.

Yolanda se quedó sin palabras: no pudo contra el empuje de Margarita.

Pamela solo pudo tragarse el enojo y jalar a Yolanda.

Se acomodó la cara en esa sonrisa dulce de siempre, como de “yo soy la que manda”, pero resignada.

—Yolanda… lo que dice la señorita Solís tampoco está mal. Joaquín es muy bueno; que a todos les guste es normal.

Sonrió un poco y miró hacia Joaquín, a lo lejos.

—Con su forma de ser… es frío con todo mundo. Que aun así haya tanta gente detrás de él, me da gusto por él.

Como si ella y Joaquín fueran íntimos.

Como si ella fuera “la oficial”.

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