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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 423

La cena de cumpleaños arrancó oficialmente.

Bajo las lámparas de cristal, una versión suave de “Cumpleaños feliz” se extendía por el salón.

Eloísa subió al escenario principal acompañada de su abuelo Fernando Carrasco.

Lo primero que hizo fue buscar con la mirada entre la gente.

Hasta que encontró, en un rincón tranquilo, esa figura intensa, como una llama.

Kiara cruzó mirada con ella y le sonrió apenas.

A Eloísa se le curvaron los ojos y sonrió más dulce.

El programa siguió su curso.

Aunque normalmente se veía medio distraída y tierna, en un evento así mantuvo la elegancia y la calma que se esperaban de una Carrasco.

Al poco rato empujaron el pastel de la ceremonia.

Eloísa, desde el estrado, cortó con calma la primera rebanada.

El salón estalló con un “Cumpleaños feliz” atronador.

Abajo.

Una joven de sociedad aplaudía mientras volteaba con Pamela.

—Pamela, ¿por qué no cortaste el pastel con Ellie?

—Sí, ¿no se supone que ustedes dos son uña y mugre?

Varias más voltearon a ver.

La sonrisa de Pamela se le endureció.

Con esas miradas —unas de curiosidad, otras de morbo— casi no pudo sostener la expresión.

La vergüenza le ardía por dentro.

Antes de que empezara todo, Pamela había buscado a Eloísa.

Le propuso subir con ella y cortar la primera rebanada para mostrar que las familias eran muy unidas.

Al fin y al cabo, las familias Ibarra y Carrasco llevaban años tratando.

Y de cara al público, Pamela y Eloísa “se llevaban muy bien”.

Cortar el pastel juntas, para cualquiera de las dos familias, era puro beneficio.

Pero Eloísa la rechazó sin pensarlo y le soltó, fría:

—Si de verdad vamos a hablar de la relación entre las familias, entonces que suba conmigo la verdadera hija Ibarra. ¿Tú con qué derecho?

Cada palabra le cayó como cuchillo.

Pamela se encendió del coraje.

Antes, por más que Eloísa no fuera cálida con ella y le dijera que Joaquín nunca la iba a aceptar, al menos le guardaba las formas en público.

Pero ahora…

Esas dos le traían coraje a Kiara.

Si se juntaban para ir contra ella, a Pamela le convenía.

Yolanda le agarró la mano a Pamela y le dio unas palmaditas en el dorso.

—Tú tranquila. La futura esposa de Quino, para mí, eres tú y nadie más.

Mientras decía eso, miró hacia el rincón, donde Kiara estaba recargada en la pared, con los brazos cruzados, como si el mundo le diera igual.

Yolanda recordó que por culpa de Kiara ella acabó tres días en el hospital, y se le torció la cara.

Entrecerró los ojos y soltó, con frialdad:

—Hoy la voy a dejar en ridículo.

En eso terminó el momento del pastel.

Entre aplausos y felicitaciones, Eloísa pidió su deseo y apagó las velas.

El presentador sonrió y anunció el siguiente punto:

—Ahora viene uno de los momentos más esperados: la familia Carrasco ha invitado a figuras de primer nivel en música, baile, artes, ajedrez y tecnología, entre otras áreas.

Con eso, el salón se calentó de golpe.

Sobre todo los jóvenes ricos y las chicas: se les prendieron los ojos.

Lo más importante de esa noche era el “ritual de aprendiz”, ese momento de mostrarse ante los maestros.

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