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Fuera mi Ex, Adentro el Capitán romance Capítulo 1

En la sala de autopsias de las afueras de Lago Azul.

En ese momento, las luces brillaban con intensidad.

—La víctima es una mujer de dieciocho años. Tiempo estimado de muerte: treinta y seis horas. Las livideces cadavéricas presentan una coloración rojiza y las pupilas son isocóricas... ¿Ya están los resultados de ADN del semen?

—Ya salieron. Los resultados confirman que el semen sigue perteneciendo al sospechoso A del caso de violaciones y asesinatos en serie. Es la tercera chica que matan en lo que va del año.

—Qué animal, esto es completamente inhumano...

Carolina Luján se sentía un poco decaída. Si no atrapaban al asesino pronto, más chicas inocentes perderían la vida.

Bajó la mirada, soltó un suspiro y, tras quitarse los guantes, se lavó las manos con cuidado en el lavabo de desinfección.

—Carolina, ¿tienes una cita esta noche, verdad? —bromeó de pronto su asistente, Tamara—. Nuestra señorita Luján, que trabaja todo el año sin descanso y con tanta dedicación, hoy de milagro pidió que le redujeran la cantidad de autopsias. ¡Qué sorpresa!

—Sí... —Carolina se quitó la bata blanca y asintió con una sonrisa.

Siempre mostraba una expresión gélida cuando estaba frente a los cadáveres, así que era raro ver en ella un semblante tan tierno y encantador.

Era su cumpleaños número veintinueve y Fabio Camacho le había dicho que le daría una sorpresa en la noche.

Fabio había sido su compañero en la facultad de medicina y ahora trabajaba en el área de cirugía cardiovascular del Hospital Cordillera Blanca. Llevaban siete años de noviazgo y ya tenían edad para casarse. ¿Acaso la sorpresa de la que hablaba era una propuesta de matrimonio?

Al pensar en eso, su ánimo mejoró un poco.

Carolina se despidió de su compañera, salió de ahí y condujo hasta el hospital para recoger a Fabio a la salida de su turno.

Estacionó el coche en el estacionamiento subterráneo del hospital y, justo cuando iba a subir, escuchó un jadeo ahogado y sugerente.

El sonido era como un gemido contenido, difícil de distinguir si era por dolor o por placer.

Carolina no podía creer que alguien fuera tan descarado como para hacer ese tipo de cosas en el estacionamiento de un hospital, con todo y el olor a formol que a veces se filtraba.

Se dijo a sí misma que debía irse de inmediato, pero sus pies parecían clavados al suelo; no lograba dar ni un paso.

Había llegado a pensar que él era la persona que mejor la entendía en todo el mundo, pero resultó que todas esas palabras bonitas solo eran una fachada para manipularla y engañarla.

—Y si ella no hubiera querido ayudarte, ¿qué? —siguió preguntando Joaquina.

—¿Cómo no iba a querer? Sin mí, ¿quién más se fijaría en ella? ¡Además, su madre me necesita para su tratamiento!

El tono de suficiencia del hombre hizo que a Carolina le hirviera la sangre de inmediato. Ya no pudo escuchar más; levantó su bolso y, como loca, lo estrelló con todas sus fuerzas contra la puerta del coche.

Sin embargo, al escuchar lo que Joaquina dijo un segundo después, se detuvo en seco.

—Entonces tienes que prometerme que, apenas te asciendan a subdirector, vas a hacer que su inútil madre se muera en la mesa de operaciones. Ya me harta verla.

—¿Por qué sacas ese tema otra vez? Ya te dije que lo veremos después...

Carolina sintió como si le clavaran un cuchillo en el pecho. Se quedó ahí, sola y paralizada, dejando que el viento helado le atravesara el corazón.

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