Carolina no levantó la vista y solo le dijo a Tamara: —Prepárate para empezar.
Leandro quiso hacer otra pregunta, pero Armando lo tomó del brazo.
Al voltear, vio que Armando negaba con la cabeza.
Luego, Armando se acercó a la mesa de disección. Su mirada se posó lentamente en la mujer; el cubrebocas hacía resaltar sus ojos, tan brillantes como el cristal.
Le pareció percibir un ligero perfume en el aire.
Frotó inconscientemente los dedos de su mano izquierda, que colgaba a su costado. De pronto, le vino a la mente el recuerdo de cuando jaló a la mujer hacia sus brazos.
Carolina era un poco más alta que el promedio, medía cerca de un metro setenta y dos. Al chocar contra su pecho, el suave cabello de ella rozó su clavícula; le hizo cosquillas, pero extrañamente no le molestó.
Armando desvió la vista y se fijó en los delgados dedos de la mujer.
Al verla maniobrar el bisturí, realizando la autopsia de manera meticulosa y pidiendo a su asistente que anotara datos clave, Armando entrecerró los ojos lentamente.
Esta mujer era fría y profesional, emanaba un aura única e innata.
Bastante interesante.
Media hora después, la autopsia terminó.
Carolina le pidió a Tamara que llevara las muestras de tejido al laboratorio, luego imprimió varias copias de los resultados y le entregó una a Armando.
Él levantó una ceja y extendió la mano para recibirla.
—Señorita Luján, mi prima...
Carolina miró a Leandro. Aunque sentía una profunda empatía por aquel hombre que acababa de perder a un familiar, su profesionalismo la hizo mantener la calma. —Según los resultados, la causa de muerte es idéntica a la de las otras víctimas de los asesinatos seriales. El semen encontrado en su cuerpo ya fue enviado a analizar. En cuanto tengamos los resultados, podremos identificar al asesino.
—¡Ese malnacido!
Leandro apretó los puños con fuerza. —¡Es mi culpa! ¡Si no le hubiera dicho a mi tío que la traería a pasar unos días aquí, esto no habría pasado!
—¿De verdad? Entonces me parece que el Capitán Pérez no tiene mucha idea de la fama que carga encima.
Armando le lanzó una mirada penetrante.
—Le encargo que me avise cuando salgan los resultados de ADN. —Tras decir eso, miró a Leandro, que estaba a punto de desmayarse de tanto llorar. Lo agarró del brazo y lo ayudó a levantarse, pues ya ni se podía sostener. Las figuras de ambos desaparecieron por la puerta poco después.
Solo cuando los perdió de vista, Carolina logró relajar la espalda, que había mantenido rígida.
—Cómo iba a imaginar que sería él...
Negó con la cabeza y esbozó una sonrisa amarga, pensando en lo pequeño que era el mundo.
Durante las vacaciones de verano, después de terminar la preparatoria, Carolina conoció a un chico que la dejó marcada.
Ella creyó que había sido una coincidencia de lo más banal, un encuentro efímero que terminaría en una despedida para siempre.

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