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Engañada por mi esposo: mi amante perfecto era mi esposo. romance Capítulo 1

Su matrimonio nunca fue un cuento de hadas; más bien era una jaula de hielo.

Cuando el padre de Amanda falleció, dejó tras de sí una deuda colosal producto de un fraude empresarial que amenazaba con hundir a toda su familia en la ruina y la vergüenza.

Fue entonces cuando apareció Víctor.

Él necesitaba urgentemente casarse con una mujer de linaje intachable para cumplir la inquebrantable condición del testamento de su abuelo y heredar así el Imperio Grimaldi.

Víctor compró esa deuda.

Desde el momento en que firmaron el acta, la relación entre ambos fue gélida. Amanda era ignorada sistemáticamente, relegada a sonreír para las cámaras y a dormir en una cama vacía.

Para Víctor, ella no era una esposa a la que amar o respetar; era un rehén, una simple herramienta útil para mantener tranquila a su junta directiva.

A pesar de esa humillante realidad, Amanda caminaba por el pasillo de la empresa con la espalda perfectamente recta y la barbilla en alto.

A simple vista, era la viva imagen de la dama de sociedad: guapa, elegante, envuelta en un traje asombroso que destilaba clase y seguridad.

Nadie en ese inmenso edificio podría adivinar que, por dentro, sentía que el mundo entero se le acababa de caer a pedazos.

Llegó a la antesala de la presidencia. La secretaria de su marido, al verla, se enderezó de inmediato en su silla con una sonrisa.

—Buen día, señora Grimaldi. Su esposo está en la oficina, ¿gusta que la anuncie?

—Gracias, Tamara, no hace falta —respondió Amanda con un tono suave y firme.

No necesitaba que nadie la anunciara.

Ella era la señora Grimaldi, la legítima, la mujer que posaba a su lado en las portadas de las revistas. No era un secreto escondido en las sombras, como la otra.

Abrió la pesada puerta sin tocar y la cerró a sus espaldas con un golpe que resonó en toda la oficina.

Víctor levantó la vista de unos documentos, frunciendo el ceño por la interrupción. Pero antes de que él pudiera abrir la boca para quejarse, Amanda soltó la bomba.

—Quiero el divorcio.

Víctor se quedó quieto un segundo, parpadeando, como si no hubiera entendido el idioma en el que le acababan de hablar. Se enderezó en su sillón de cuero.

—¿Qué quieres qué?

—Lo que oíste —alzó la voz, perdiendo por fin esa compostura refinada—. Se acabó, Víctor.

Caminó hasta el escritorio y le lanzó el fajo de fotografías justo encima de los contratos que estaba revisando.

Las imágenes de él, sonriendo relajado junto a Melissa y el niño, quedaron a la vista de ambos bajo la luz impecable de la oficina.

Víctor bajó la mirada hacia las fotos. Su expresión no cambió drásticamente, pero Amanda notó cómo la mandíbula se le tensaba.

—¿Qué significa esta basura? —preguntó él, con un tono peligrosamente bajo.

—Significa el fin de tu engaño. Un engaño en el que no estoy dispuesta a seguir participando ni un minuto más.

Víctor se puso de pie lentamente, apoyando ambas manos sobre el escritorio, mirándola desde arriba.

—¿Me has estado espiando, Amanda?

—¡Ya basta, Víctor! —exclamó ella, sintiendo que la garganta le ardía—. Todo esto se acabó hoy mismo.

Capítulo 1. Quiero el divorcio. 1

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