La luz de la mañana despertó a Amanda. Tenía el cuerpo adolorido, pero de una forma deliciosa. Estiró la mano buscando a Carlos y solo encontró las sábanas frías.
Se sentó de golpe, totalmente desnuda.
El ardor entre sus piernas le recordó lo salvaje que había sido la noche anterior. Quería repetir, quería sentir a ese hombre de nuevo, pero él había desaparecido.
Se levantó con las piernas aún temblorosas y entró al lujoso baño para ducharse. Abrió la regadera de golpe.
El agua caliente golpeó su piel y un gemido involuntario, cargado de deseo retenido, escapó de sus labios.
Bajo el chorro de agua, dejó que el recuerdo de su amante la encendiera de nuevo.
Sin poder evitarlo, se pellizcó los pezones y bajó la mano para tocarse el coño, soltando jadeos de placer al recordar cómo la había hecho perder la razón.
Al salir, se secó el cabello rápidamente con la toalla.
No le quedó más remedio que volver a meterse en el mismo vestido negro de la noche anterior.
Sacó su bolso, aplicó un maquillaje muy tenue para disimular un poco la mala noche, y le escribió un mensaje rápido a Adriana para que fuera a rescatarla. Antes de salir de la habitación, notó un pequeño papel doblado sobre la mesa de noche.
Tenía un número telefónico escrito a pulso y una "C" en la esquina.
Minutos después, Amanda caminaba por el lobby con el cabello aún mojado, luciendo impecable pero con un aire rebelde que nunca había tenido.
Subió de prisa al auto de Adriana, que la esperaba en la entrada.
—¡Mírate nada más! —chilló Adriana, arrancando el vehículo a toda velocidad—. ¡Por fin saliste de esa jaula, amiga! Esa cara de satisfacción no te la quita nadie con todo el dinero de tu marido. ¡Cuéntamelo todo!
—Me acosté con él, Adri —confesó Amanda, tapándose la cara con las manos, soltando una risa nerviosa y emocionada—. Fue… fue una locura. Se llama Carlos.
—¡A quién le importa cómo diablos se llame! Lo importante es que te folló así de rico —bromeó Adriana, golpeando el volante por la emoción—. ¿Y dónde está el galán? ¿Le pediste el número o fue solo un choque y fuga?
Amanda sacó el papelito de su escote y se lo mostró.
—Me dejó esto antes de irse. Yo estaba dormida.
Adriana frunció la nariz, mirando el papel de reojo.
—Qué tipo tan raro. ¿Hacerte el amor como un dios y largarse antes de que amanezca? Qué extraño… Pero bueno, al menos tienes cómo buscarlo para la segunda ronda, porque con esa cara que traes, sé que quieres repetir.
***
Mientras tanto, del otro lado de la ciudad, Víctor iba al volante de su camioneta rumbo a la empresa.
El tráfico de la mañana era pesado, pero él estaba en su propio mundo. De pronto, una risa traviesa y baja inundó el interior del vehículo.
"Me encantaron los pezones de Amanda", pensó mentalmente, relamiéndose los labios al recordar la escena en la cama. "Son los más divinos que he visto en toda mi puta vida. Divinos".
Sin embargo, la diversión se le borró del rostro en cuestión de un segundo. Apretó el volante forrado en cuero con fuerza.
La verdadera magnitud de la situación le cayó encima como un balde de agua helada. Sí, había sido él quien la hizo gritar de placer, pero Amanda no lo sabía.

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