Gloria ni siquiera se atrevía a respirar hondo. La forma en que la señora Pizarro la miraba la puso en guardia, como si estuviera frente a un enemigo.
Años de disciplina profesional apenas le alcanzaban para que no se le notara en la cara.
Lo que quería negar se le atoró en la garganta bajo esa mirada tan penetrante.
Los ojos de la señora Pizarro se lo dejaron claro: no iba a engañarla.
—Por lo que veo, lo del embarazo todavía no se lo has dicho a la empresa. No te preocupes, no soy de las que andan de chismosas.
Gloria apretó apenas los labios y asintió.
—La verdad, no me ha dado tiempo de decirlo. Gracias por entender, señora Pizarro.
La señora Pizarro le sonrió.
—No te pongas tan tensa. Yo ando intentando embarazarme; justo quiero un bebé. A ver, pásame tips… ¿tú y tu esposo lo estaban buscando? ¿Cuánto tardaste en quedar?
Era ginecóloga; aunque no lo hubiera vivido en carne propia, de esto sabía de sobra.
Sacar el tema con Gloria era, más que nada, para tranquilizarla: en serio no iba a ir por ahí repitiéndolo.
Pero a Gloria no se le bajaba el nudo en el pecho. Además, la pregunta tocaba otro tema delicado.
Se tensó; el ceño se le fue cerrando poco a poco.
—No lo estábamos buscando. No planeo tener hijos. Fue un accidente.
Al oírla, la señora Pizarro soltó, casi por reflejo:
—Cuando un bebé llega, es porque así tenía que ser. Hay que tenerlo.
Gloria asintió. Sí, lo iba a tener.
—Por cómo te ves… ¿dos o tres meses? —preguntó la señora Pizarro.
Gloria volvió a asentir, casi en automático.
—¿Y tu esposo qué dice? —La señora Pizarro se puso curiosa—. ¿Él sí quiere que lo tengas?
Gloria no supo qué contestar. La expresión se le complicó y se le notó un aire apagado.
Antes de que la señora Pizarro insistiera, se escucharon voces de hombres platicando a lo lejos.
Entre la bruma, dos hombres en bata blanca venían caminando hacia ellas.
Federico llevaba el cabello corto, bien arreglado, con la frente amplia y lisa al descubierto.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA