"Oh, no, espera."
Virginia se preocupó por Gloria durante dos segundos antes de recordar que Lalo tenía un padre, y uno todopoderoso: Federico Córdoba.
Solo tenía que preocuparse por el pequeño Bruno.
"Ni Bruno ni Lalo harán cosas así."
El tono de Gloria era firme.
Jaime Granados era el único hijo varón de la familia Granados, malcriado por Doña Beatriz Granados desde la cuna.
Del tipo de malacrianza donde, si el niño se tropezaba, la abuela mandaba a romper la calle para desquitarse.
Menos mal que Jaime no tenía mala esencia, o sería el mayor parásito de la alta sociedad.
Ni Virginia ni ella consentirían a sus hijos hasta ese punto.
"Tsk."
A Virginia se le ocurrió otra cosa. "¿Cuánto llevan viviendo juntos tú y Federico? ¿No estarán pensando en el segundo bebé, o a lo mejor ya estás embarazada?"
Gloria: "...Todavía dormimos en cuartos separados."
"¡Y quién te va a creer eso!" dijo Virginia sin dudarlo. "Si Federico funciona bien, seguro que tienen sus noches de pasión desde hace rato."
Gloria fue realista: "Últimamente hay mucho trabajo en la empresa, y además Lalo todavía es muy chiquito."
Principalmente porque aún no había encontrado el momento adecuado para tener una buena charla con Federico.
Esa barrera que los separaba ya debía romperse; solo faltaba la oportunidad.
"Ya son esposos legales, dormir juntos no es un delito. ¿Qué tanto esconden? Pero ten cuidado, apenas tuviste a Lalo hace poco, tu cuerpo no se ha recuperado bien, ni se te ocurra embarazarte..."
La llamada terminó entre los regaños de Virginia.
Al final, Gloria no pudo soportarlo más y buscó una excusa para colgar.
Virginia se despidió acusándola de 'cambiar a las amigas por un hombre'.
En ese momento, Federico recibió una invitación de la familia Granados para asistir a la Gala Anual de Grupo Larrinaga.
Mateo Granados le pidió específicamente que fuera acompañado por Gloria.
La relación entre Federico y Gloria ya era un secreto a voces en la alta sociedad.
Él no aceptó de inmediato.

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