Tal cual: con cualquier cosa que tuviera que ver con Federico, Irene siempre se acordaba de ella.
Lo malo: que Gloria cargara con el golpe.
Lo bueno: Irene lo usaba para presumir.
—Jefe, con todo respeto, no puedo hacerme cargo —Gloria bajó la cabeza con cortesía—. Pienso renunciar. Me voy a fin de mes.
La cara del jefe cambió un poco.
No porque Gloria fuera a renunciar. Después de pasar de secretaria a logística, era normal que tarde o temprano se fuera.
Lo que lo asustó fue que Gloria se atreviera a dejar mal parada a Irene.
Y si Irene se molestaba, él podía salir embarrado.
—Gloria, cuando terminemos lo del compromiso del señor Córdoba y la señorita Orozco, te firmo la renuncia en ese instante. Aguanta unos días más.
El tono era de orden… pero también sonaba a ruego.
Gloria ya no era secretaria. Su salida dependía de ese jefe. No tenía margen.
—Está bien. Gracias, jefe.
El jefe soltó el aire.
—Tu equipo ya está listo. Ve a verlo.
Gloria asintió y salió.
El equipo temporal, el Grupo 16, tenía dos personas movidas de otros equipos.
Y dos nuevos.
Uno de ellos era una cara conocida para Gloria: Isabella.
—Nosotras dos vamos a ser las principales para coordinar todo con la señorita Orozco —dijo Isabella, levantando la barbilla con soberbia—. Gloria, haz el presupuesto. Y arma varias opciones; me las traes para revisarlas.
Desde que Gloria salió de Holding Rivadeneira, Isabella había estado regando chismes y cosas feas sobre ella.
Gloria pensó que era puro coraje por haberla corrido.


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