—Eso claro que lo sé.
Valentina lo miró de reojo.
—Y Gloria no va a regresar contigo.
A Federico le molestó esa frase.
Según él, era él quien no iba a volver con Gloria.
¿No era así?
—Ya vete. Le estorbas a tu abuelo para entrar a dormir.
Valentina lo corrió con la mano.
Federico se dio la vuelta y vio a Mariano en la puerta.
Salió.
—Abuelo.
—Ajá. —Mariano respondió—. Un compromiso no es cualquier cosa. Piénsalo bien.
Federico asintió.
—Lo sé.
***
Gloria acababa de llegar a su casa cuando le entró una llamada de Diana.
A Gloria le cayó bien Diana; se quedaron con ganas de seguir platicando, así que le marcó.
—¿Por qué apenas llegas?
Gloria se masajeó el entrecejo, agotada.
—Había tráfico.
Cuando era secretaria de Federico, la empresa le había asignado carro.
Al cambiarse a logística, lo devolvió. Ahora se iba en camión y tardaba el doble.
Por suerte… ya casi se iba.
—Estás embarazada. ¿Tu esposo no te lleva y te trae?
Diana se arreglaba las uñas mientras hablaba, como si nada.
—¿Y tu esposo qué tal? ¿No te trata mal porque eres huérfana?
Gloria se quedó un segundo en silencio.
—No creo. Mire, el señor Pizarro la trata muy bien. Cuando usted se embarace, seguro va a ser un buen papá.
Cambió el tema con cuidado y Diana se fue con la corriente.
—Obvio. Yo lo único que le pido es: puede no ser el mejor esposo, pero tiene que ser buen papá. Mi familia no tendrá tanto dinero como la de él, pero mis papás me adoran. Y te digo algo: para un niño, la familia es bien importante. Tienes que hacer que tu esposo se involucre en la vida del bebé; así los niños crecen bien…
A Gloria se le apretó el pecho. Apretó el celular sin darse cuenta.
Al notar que Gloria no respondía, Diana entendió que había tocado un punto sensible.

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