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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 98

—¿Estás lista? —preguntó Chase al entrar en la sala de la casa de Althea.

A decir verdad, no podía apartar la mirada de ella. Esa noche, se veía... diferente.

Llevaba un vestido midi color verde salvia con un elegante corte en A que le llegaba a media pierna. La tela, un satén suave, captaba la luz cálida de la forma justa, sin ser llamativa. El escote cuadrado enmarcaba sus clavículas a la perfección, mientras que las delicadas mangas abullonadas le daban un aire femenino y gentil.

Tenía el cabello peinado en un semirrecogido, con un pequeño broche de perlas a un lado que complementaba su maquillaje suave y natural. Tonos piel casi imperceptibles y un rubor cálido resaltaban el brillo tenue de sus mejillas. No se había arreglado para impresionar, pero quizá eso era lo que la hacía tan impactante.

—Vaya —dijo Chase con una risa entre dientes—. Te ves deslumbrante esta noche, Althea.

Apenas el día anterior, Chase había pasado todo el día con Josh, jugando, hablando, riendo, y también con Althea y Lydia. Había sido un buen día, lleno de calidez. Durante ese tiempo, les había dicho lo que quería: presentarles a Althea y a Josh a su familia.

La cena de esa noche no era una coincidencia. Chase lo había planeado todo con cuidado para poder presentarla de manera formal, con el respeto que ella merecía.

—No digas eso —se quejó Althea—. No tienes idea de lo nerviosa que estoy en este momento.

Chase volvió a reír; el sonido era ligero y genuino.

—Está bien, está bien. Nada de cumplidos, lo entiendo. ¿Dónde está Josh?

—¡Chase! —exclamó Josh mientras salía corriendo de su habitación—. La tía me ayudó a ponerme este traje. ¿Qué te parece? ¿Cómo me veo?

Chase lo cargó sin esfuerzo, como si Josh no pesara nada, aunque en realidad el niño no era precisamente liviano.

—¿Tengo que llenarte de cumplidos ahora? —bromeó Chase mientras le daba un apretón juguetón en la punta de la nariz—. ¿Ya le diste las gracias a tu tía?

—¡Claro que sí!

Momentos después, Lydia salió de la habitación de Josh y les levantó los pulgares en señal de apoyo para el evento de esa noche. Mientras tanto, Althea respiraba hondo repetidamente, haciendo lo posible por calmarse.

Incluso durante el trayecto al lugar de la cena, la ansiedad no la abandonaba.

—¿A qué le tienes miedo? —preguntó Chase con voz suave, estirando la mano para sostener con delicadeza la de Althea mientras mantenía la otra en el volante.

—Chase —susurró Althea en señal de protesta—. Quizá sea mejor que te concentres en...

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