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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 708

—Bienvenido, señor Cale —saludó uno de los asistentes cuando Cale llegó esa noche.

Cale bajó del auto a toda prisa y avanzó con paso decidido. Apenas respondió con un breve gesto de la cabeza; su atención ya estaba fija en la persona que lo esperaba. El hombre permanecía con la cabeza agachada en señal de respeto, sin atreverse a mirar a su jefe.

—Trent —llamó Cale, y el hombre levantó la mirada.

—¿Sí, señor Cale?

—Vincent ya me dio tu reporte, pero ¿confirmaste que mi esposa está bien?

—Sí, señor Cale —respondió Trent con firmeza—. Su médico personal ya examinó a la señora Lydia y no hay nada de qué preocuparse respecto a ella. Sin embargo, la señorita Naomi parece estar en shock. Hasta ahora no ha querido salir de su habitación.

Cale exhaló despacio.

—Al menos está a salvo, ¿no?

—Sí, señor. Me aseguré de eso.

—¿Alcanzaste a ver la placa del auto que las perseguía?

Trent asintió.

—Por desgracia, el auto llevaba placas falsas, señor. Todavía no hemos podido rastrearlos, pero el equipo de investigación ya solicitó apoyo.

Cale asintió.

—Infórmame cualquier novedad. No pienso dejar que hagan lo que quieran con mi familia.

—Sí, señor Cale.

Sin decir más, Cale siguió hacia el interior de la mansión. El ambiente se sentía inusualmente silencioso, más pesado de lo normal. Sus pasos volvieron a acelerarse, casi con urgencia, mientras pasaba junto a los empleados, que lo saludaban sin recibir más que un gesto. Desde que salió de la oficina, no podía pensar en otra cosa, y la angustia le dificultaba cada vez más respirar.

En cuanto entró en la sala, vio a Lydia.

Ella parpadeó y poco a poco se relajó contra él. Luego le correspondió con un abrazo más suave.

—Tranquilo. Estoy bien.

Al igual que Cale, Lydia se permitió liberar en ese momento toda la tensión acumulada. En aquel abrazo silencioso, el miedo y la tensión de ambos cedieron ante el amor que compartían. El temor que la había atormentado empezó a desvanecerse.

Aun así, Cale no la soltó. Por el contrario, la sostuvo con mayor fuerza durante otro momento y respiró hondo, como si solo entonces se permitiera creer que estaba a salvo.

—Respóndeme bien —dijo de nuevo, más suave esta vez—. ¿Estás herida?

Lydia negó, aunque mantenía la cara pegada a su pecho.

—No. No me pasó nada.

Solo entonces Cale aflojó el abrazo. Se apartó apenas lo suficiente para examinarla en busca del menor indicio de una herida. Al no encontrar ninguno, le dio un beso suave en la frente. Lydia cerró los ojos. Luego le rozó ambas mejillas con los labios antes de inclinarse y besarla brevemente en la boca.

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