—Estoy de acuerdo —respondió Daven—. Cada vez más empresas parecen perseguir solo los números, olvidando que la contribución social es una inversión a largo plazo.
Sugimura asintió complacido.
—El evento de caridad está programado para dentro de dos semanas. Nuestra oficina enviará todos los detalles por correo electrónico: el lugar, el horario y la lista de invitados. Espero que pueda asistir en persona.
—Me haré un tiempo para asistir —respondió Daven con naturalidad.
En ese momento, se escuchó el suave sonido de unos pasos acercándose por detrás. Apareció la señora Yoshida Sugimura, vestida con un kimono de color marfil adornado con delicadas flores de cerezo sobre el hombro. Su sonrisa era amable, aunque sus ojos observaban a Daven con una sutil agudeza.
—Perdonen la interrupción, Danna-sama —dijo ella en un inglés elegante—. Ambos se veían bastante serios.
—Solo estábamos discutiendo nuestro próximo proyecto social —explicó Sugimura, volviéndose hacia su esposa—. Hime, aún no has saludado al señor Callister.
La señora Sugimura asintió cortésmente y se dirigió a Daven.
—Es un placer verlo esta noche, señor Daven. No suele asistir a eventos como este, ¿verdad?
Daven sonrió, cortés, casi forzado.
—Le pido disculpas.
—El señor Callister debe estar muy ocupado con su agenda, Hime —intervino Sugimura con fluidez, intentando mantener un ambiente ligero.
—Tiene razón, Danna-sama. No debí decir eso —respondió Yoshida con una sonrisa amable.
En ese instante, unos cuantos invitados más se unieron al grupo. Un hombre reconoció a Daven y alzó la voz con entusiasmo.
—¡Señor Callister! ¡Acabo de ver el último drama que protagonizó su esposa! Estuvo radiante; ¡su actuación fue fenomenal!
Otro invitado intervino rápidamente:
—Estuvo increíble en el papel principal. Aethelis tiene suerte de contar con una actriz tan talentosa. Debe sentirse muy orgulloso de tener a alguien como Vanessa Callister como esposa.
Daven asintió.

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