Se llevó los dedos a la sien y presionó con fuerza.
—No debiste tratarla así —se murmuró a sí mismo—. ¿Aún tendré la oportunidad de pedirle perdón?
Pero entonces se rio amargamente.
—Aunque la tuviera... dudo que me perdone.
Un suave golpe en la puerta lo sacó de sus pensamientos.
—Adelante —dijo sin darse la vuelta.
La puerta se abrió y apareció Arven con una tableta y una pila de documentos en las manos.
—Señor, su reunión empieza en diez minutos —le recordó con cortesía.
Daven asintió. Consultó su reloj, se puso de pie y se arregló el saco.
—Empezaremos con el proyecto de Osaka.
—Sí, señor. El equipo de desarrollo ha completado todas las etapas preliminares. Solo esperan la confirmación del envío de materiales por parte de nuestros socios locales en Japón.
—¿Qué hay de Frankfurt? —preguntó Daven mientras caminaban por el pasillo hacia la sala de conferencias.
—Todavía hay un problema con la negociación del arrendamiento de los terrenos. El gobierno local aumentó las tasas por encima de nuestro acuerdo original.
Daven suspiró.
—Pospón lo de Frankfurt. Concentra todo en Osaka.
Entraron en la sala de juntas, donde el equipo principal encargado del proyecto ya los esperaba. Daven se sentó a la cabecera de la mesa, con la mirada aguda y autoritaria. Las carpetas que Arven había preparado ya estaban frente a él.
La hora siguiente transcurrió con intensidad. La mayor parte de la discusión giró en torno a la estrategia de lanzamiento para la expansión en Osaka. Daven estaba totalmente presente; su tono era cortante y sus decisiones, firmes. Aunque sus pensamientos divagaban de vez en cuando, lograba retomar el hilo en cada ocasión. Como el hombre al mando, no podía permitirse perder la concentración.
La reunión terminó con directrices claras y varios acuerdos nuevos en marcha. Uno por uno, los participantes salieron, dejando la sala en silencio mientras Daven y Arven se retiraban primero.

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