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El Mes Que Fuimos Verdad romance Capítulo 223

—¿Todavía no puedo volver a casa? —preguntó Althea en voz baja, ya sentada en el auto de Chase mientras regresaban a la residencia Miller. Desde que su nombre se vio arrastrado al escándalo de Daven y Vanessa, le pidieron que se quedara con la familia de Chase.

Pero, ¿no se estaba alargando demasiado?

—¿Te molesta? —Chase le lanzó una mirada juguetona de reojo.

—No es eso. —Althea exhaló despacio—. Es solo que... mientras más tiempo me quedo en casa de tu familia, más me preocupa ser una carga.

Chase suspiró.

—No tienes que preocuparte por eso. Mis papás nunca lo han visto así. Al contrario, les encanta tenerte a ti y a Josh ahí. En serio.

Antes de que Althea pudiera responder, el robot de juguete de Josh intervino con su voz mecánica, rompiendo la tensión del momento. En el asiento trasero, Josh seguía absorto con el robot que Daven le regaló, ajeno por completo a la corriente que fluía entre su mamá y Chase.

—¿Ves? Hasta Josh quiere volver a casa del abuelito. ¿Verdad, Josh?

Josh bajó el volumen del robot.

—¿Me hablan a mí?

—Sí. ¿Te gusta quedarte en mi casa, Josh?

—¡Claro! Sobre todo porque puedo ver a Leo y a Nyu. El abuelito me deja darles de comer todas las mañanas. ¡Jamás olvidaría mi deber!

—Qué bien.

—Mami, en los juegos de hoy jugamos un montón de cosas —dijo Josh, rebosante de emoción.

Althea se sintió en una encrucijada. No podía callar a su hijo cuando quería contarle de su día, la mayor parte del cual transcurrió con Daven. Pero con Chase sentado a su lado, tampoco podía ignorar cuánto podía dolerle cada palabra.

—¿Qué juegos jugaron? ¿Los mismos que probamos antes? —preguntó Chase, tratando de mantener el ambiente ligero. De reojo notó que Althea guardaba silencio, como si cargara algo que no se atrevía a decir.

—¡Ah, algunos de esos! Pero también jugué a disparar zombis con el señor Guapo. ¡Y carreras, de autos y de motos! ¡Y boliche también! ¿Y sabes qué, tío Chase? ¡Casi gano!

Althea no dijo nada. Tenía la mirada fija en las calles iluminadas al otro lado de la ventana. Sus dedos retorcían la tela de su falda, resistiendo las emociones que la asaltaban cada vez que Josh mencionaba a Daven.

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